Antes de incinerarse a lo bonzo en los incendios de Galicia, Cristina Narbona reservó el uso privado de la piscina de Pedro J. Ramírez en verano –atendiendo a razones de la seguridad del editor–, en tanto que la pileta debe ser destinada a actividades educativas públicas a lo largo del año.

La medida no satisfizo a los independentistas, que han convertido esta construcción en el litoral en el ariete de su oposición al creador de El Mundo. Ellos mismos actúan como simples intermediarios de Pedro Serra, empresario mallorquín de prensa que conoce de primera mano la piscina, ya que era un extraordinario amigo de su hoy irreconciliable rival.

La guerra de editores no cesa, y se sustanciará el sábado con sendas manifestaciones en una playa adyacente al chalet de Pedro J. en Costa de los Pinos –un enclave madrileño habitado sucesivamente por los García Obregón, Luca de Tena, Calvo Sotelo o Sainz–.

De un lado, los independentistas, en reivindicación de unas esencias mallorquinistas puesta hace décadas en almoneda y revendidas ya por varias generaciones. Si la novedad del año pasado fue la clamorosa falta de forma física que mostraba en bañador Joan Puig, diputado de Esquerra Republicana cuya imputación por este caso tramita el Supremo, el circo se cierra este año con la aparición de una contramanifestación, bajo el implícito lema '¡Basta ya!'.

Los nuevos cruzados en defensa de la piscina, aunque su propuesta genérica solicita que cese el "acoso" que presuntamente sufre Pedro J., cuentan con figuras populares como Miguel Angel Nadal, el histórico defensa central y pésimo comentarista de las retransmisiones futbolísticas autonómicas, además de tío de Rafael Nadal. Los Nadal son una saga al servicio estricto del PP. Se ve que al ex barcelonista han conseguido explicarle el caso, y se ha alineado con el presidente de los hoteleros de Baleares –famoso porque no tiene hoteles, un dato corriente en los líderes patronales– o la directora del Instituto de la Mujer, también muy concernida.

Aunque la historia suene hasta aquí a farsa de Berlanga, lo importante es que se ha quebrado el monolitismo mallorquín en torno al intocable Serra. No diremos que se le ha perdido el respeto, sino que se le respeta como merece, además de aplicarle su propia medicina. Al margen de un cruce de manifestaciones que en Mallorca ha levantado tanta expectación como las citas con Batasuna en el País Vasco, los independentistas tenían pensada una excursión en barca hasta las lindes náuticas de seguridad del chalé de Pedro J. Sin embargo, un ucase llegado desde Madrid conminó a la delegación del Gobierno a prohibir esa singladura. En cuanto a la mayoría de la población, está manifiestamente harta de los ‘piscineros’, en cualquiera de sus variedades en conflicto.