Cuando viajar era otra cosa, de Luis Antonio de Villena en El Mundo
'El caballero del salón' W. Somerset Maugham
Quizá porque viajó mucho, William Somerset Maugham (1874-1965) escribió pocos libros de viaje, estrictamente hablando. Sus viajes -por China, por los Mares del Sur- son el fondo de muchos de sus relatos y novelas, desde Servidumbre humana (1915) hasta El filo de la navaja (1944). La crítica tendió a no valorarlo demasiado, sin embargo casi desde su primera novela, Liza de Lambeth (1896), su éxito de público fue inmenso. Por los años 20 y 30, Somerset Maugham (cosmopolita, escéptico, criptohomosexual) era uno de los narradores más leídos del mundo. Murió en Niza -llevaba años viviendo en la Costa Azul- donde se decía deben morir todos los caballeros británicos que se precien.
El caballero del salón -un viaje por Indochina- se publicó en 1935. Es decir, en un momento de máxima nombradía de su autor.No hay ni que decirlo, el viaje que el lector leerá, por un paisaje que los españoles suelen conocer mal, está muy lejos de casi todos los pobretones y masificados viajes de ahora. Maugham sale de Rangún, en Birmania, en barco (siguiendo el curso del Irrawaddy), sigue a caballo por los montes de Shan y se interna finalmente en Tailandia y la Indochina, entonces francesa.(Camboya, Laos, Vietnam). Visita Bangkok y las espléndidas ruinas de Angkor, pasa por Saigón -que le parece una ciudad provinciana de Francia-, llega a Hué, todavía la muy china capital imperial de Vietnam, y desde Haiphong toma un barco a Hong-Kong. La ruta ha terminado.En medio, todo lo que debe ser un libro de viajes: recuento de curiosidades, trivialidades y exotismos; encuentros con personajes curiosos, desde los desencantados europeos que vivían en Asia, hasta aquellos viajeros de la época, tan esnobs; y en este caso además (y es otro de los encantos del libro) comentarios diversos y sensatos sobre los libros que el viajero lee por el camino, a menudo ajenos a ese mundo de calor, lejanías e incluso malaria.El calor de Bangkok era insoportable, escribe.
El título parece raro para un libro de viajes, pero procede de un ensayito de William Hazlitt, un sobrio e inteligente romántico inglés, que el viajero está leyendo al inicio del periplo fluvial.En ese Sobre el arte de viajar dice Hazlitt, y sintetizo una frase más larga: «¡Qué maravilla romper las cadenas del mundo y de la opinión pública, libres de toda atadura, sin buscar el aplauso ni sufrir el menosprecio, y ser sólo conocido con el título de El caballero del salón!» O sea, ese incógnito señor distinguido que viaja, y que vemos (y nos preguntamos por él) en el comedor del hotel o del barco, siempre en camino. Siempre mudando horizontes.
Era otro mundo, evidentemente.
'El caballero del salón'. William S. Maugham. Ediciones del viento.262 páginas. 19 euros.
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