El autor afirma que el papel de Gran Bretaña en Afganistán e Irak y la política de EEUU sobre Israel facilitan el reclutamiento de extremistas islámicos.
Los sospechosos habituales han formulado sus protestas habituales. Después de las detenciones de 24 musulmanes británicos por conspirar presuntamente para derribar aviones, desde determinados sectores se ha hecho correr la voz de que la población musulmana debe poner orden en su propia casa.
Por ejemplo, The Daily Telegraph ha publicado un editorial bajo el título Sólo los musulmanes pueden poner fin a esta infamia. Ahora bien, a efectos prácticos, ¿qué es realmente lo que se quiere decir con este tipo de fraseología? ¿Es que el periódico no cree que los musulmanes estén aportando ya su grano de arena?
Constituye un delito castigado penalmente tener conocimiento de una trama terrorista y dejar de informar sobre ello a las autoridades. En diversas ocasiones, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña se ha dirigido por escrito a cada una de las mezquitas e instituciones islámicas del país para recordar a todos los musulmanes británicos que tenemos el deber de cooperar sin restricciones con la policía y de que nunca dudemos a la hora de ponernos en contacto con la policía en el caso de que cualquiera de nosotros, musulmanes, tengamos noticia de alguna conspiración terrorista.
Aparentemente, The Daily Telegraph daba por hecho que circulan por ahí musulmanes que tienen conocimiento de que se están preparando actos homicidas pero que, por el motivo que sea (¿lealtades divididas, quizá?), optan por no dar el paso siguiente. Es posible que eso sea cierto pero, en caso de ser así, el periódico debería respaldar acto seguido una aseveración tan rotunda con pruebas irrefutables.
Los intentos de culpar colectivamente a los musulmanes británicos de ser responsables indirectamente de los actos de unos pocos no sólo son injustos; resultan de una cortedad de miras vergonzosa y exacerban a la opinión pública. Es demasiado pronto para saber quién provocó el fuego en la mezquita de Chester el jueves pasado, pero ese tipo de acciones no hacen más que seguirles el juego a los extremistas.
El hecho puro y simple es que todos nosotros sin excepción debemos afrontar algunas verdades difíciles, verdades que no sólo algunos musulmanes británicos, sino también nuestro propio Gobierno, prefieren no reconocer.
Hace un año que fui nombrado por el Ministerio del Interior para el puesto de coordinador de un grupo de trabajo sobre la erradicación del extremismo y la radicalización. En su informe final, el grupo aceptó que el extremismo era una realidad en algunos sectores de la población musulmana y que debería ser combatido y derrotado.
Ahora bien, ¿cómo hacerlo cuando todavía a estas alturas hay un número extraordinariamente alto de musulmanes que prefieren alimentar teorías conspiratorias estrafalarias antes que enfrentarse decididamente con la desagradable realidad de la existencia de extremistas entre los nuestros?
Este mismo grupo de trabajo dejó asimismo claro que la política exterior, especialmente en Oriente Próximo, tenía que considerarse como un elemento en las motivaciones de los extremistas. Nosotros creíamos que era un elemento clave en esas motivaciones. Ahora le ha tocado al Gobierno el turno de dedicarse a negar que alguna de sus medidas haya contribuido a socavar nuestra seguridad nacional y a hacer que la amenaza terrorista vaya a peor.
John Reid, el ministro del Interior, negó la importancia del factor iraquí en su respuesta a las críticas de que el Gobierno se hubiera negado a abrir una investigación pública en torno a los atentados del 7-J por miedo a que la investigación alimentase un debate sobre si la guerra contra Irak nos había perjudicado en la lucha contra el terrorismo. Reid argumentó que, de ser así, Mohamed Sidique Khan, de quien se cree que fue el cabecilla de los atentados del 7-J, lo habría declarado explícitamente con esas palabras en el vídeo que fue su testamento definitivo y que fue difundido por Al Yazira. Lo cierto es que no hizo ninguna mención a ello, subrayó el señor Reid.
Menos de dos meses después, en vísperas del primer aniversario de los atentados de julio, se difundió un vídeo de Shehzad Tanweer. El terrorista invocaba en él explícitamente la guerra contra Irak.
Lo que digo no debería interpretarse malintencionadamente como apología del terrorismo. Nunca se repetirá lo suficiente que no puede haber nunca, bajo ningún concepto, justificación alguna para el asesinato premeditado de civiles. Sin embargo, es preciso que el Gobierno reconozca que el papel de Gran Bretaña en las guerras de Afganistán e Irak, al que los grupos extremistas le están sacando un gran partido, y el apoyo de Washington a Israel, permanente e incondicional, ponen en bandeja a esos grupos la oportunidad de reclutar más musulmanes para sus filas.
Encuesta tras encuesta se viene demostrando que, en el mundo musulmán, existe una amplia mayoría convencida de que la política de británicos y estadounidenses es hostil hacia los musulmanes y que Occidente considera el derramamiento de sangre musulmana como un asunto de escasa importancia.
¿Y si estas opiniones no fueran en realidad sino una caricatura de la verdad? Al negarse a apoyar los llamamientos al alto el fuego en el conflicto entre Israel y el Líbano, Tony Blair parecía estar dando su asentimiento a los israelíes para que se tomaran más tiempo con el fin de alcanzar sus objetivos militares.
Es posible que haya ministros que crean sinceramente que vale la pena el precio que hay que pagar por nuestra política exterior, pero no deberían insultar la inteligencia de la opinión pública con afirmaciones como que esa política no ha tenido ninguna influencia en la amenaza terrorista a la que se enfrenta Londres. Lo que hay que presuponer ahora es que los grupos que se inspiran en Al Qaeda van a seguir teniendo a Gran Bretaña en su punto de mira.
Reid adoptó ayer un tono más conciliador cuando hizo un llamamiento a todos los sectores de la población a ir todos a una a la hora de compartir un propósito y un esfuerzo común. Esta actitud contrasta de manera muy acusada con la del presidente Bush (en absoluto ajeno a frases imprudentes que están de más), que no se ganó en absoluto las simpatías de los musulmanes de todo el mundo cuando describió a los terroristas como fascistas islámicos. Este tipo de retórica histérica del «nosotros y ellos», este tipo de lenguaje que insinúa que los musulmanes son «los otros», el enemigo, es lo que va a producir más conflictos y más terrorismo.
Inayat Bunglawala es secretario general adjunto del Consejo Musulmán de Gran Bretaña.
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