Han creado un desierto y lo han llamado paz. Srifa - o lo que una vez fue el pueblo de Srifa- es un lugar de viviendas derrumbadas, paredes reventadas, escombros, gatos muertos de hambre y cadáveres atrapados. Pero también es un lugar de victoria para Hezbollah, cuyos luchadores se paseaban ayer por entre las ruinas con aire de héroes conquistadores. ¿A quién hay que culpar de haber convertido este pueblo en un desierto? ¿A la milicia chií que provocó esta guerra o a la fuerza aérea israelí que ha traído la devastación al sur de Líbano y ha matado a tantos de sus habitantes?
En cualquier caso, el mujtar del pueblo no tenía dudas. Cuando tres hombres de Hezbollah - uno herido en el brazo, los otros dos acarreando cargadores y walkie-talkies- pasaron frente a nosotros por entre los montones de hormigón destrozado, Hussein Kamel el Din les gritó: "¡Hola, héroes!". Y luego se giró hacia mí. "¿Sabe por qué están enfadados? Porque Dios no les ha dado la oportunidad de morir".
Hace falta estar aquí abajo, junto a Hezbollah, en medio de esta destrucción aterradora - muy al sur del río Litani, en el territorio del que Israel se propuso expulsarlos- para comprender la naturaleza de esta guerra y su enorme significado político para Oriente Medio. El poderoso ejército de Israel ya se ha retirado del pueblo vecino de Ghandutiya después de perder 40 hombres en sólo 36 horas de combate. Ni siquiera ha conseguido penetrar en la ciudad asolada de Qiam, donde ayer Hezbollah estaba de celebración.
En Srifa estuve con hombres de Hezbollah observando las carreteras vacías hacia el sur y vi desde allí el pueblo de Mizgav Am, al otro lado de la frontera. Esta no es la manera como se suponía que la guerra tenía que terminar para Israel.
Lejos de poner de rodillas a Irán y Siria - ése y no otro era el plan estadounidense-israelí-, la guerra ha dejado intactos a esos dos supuestos estados parias y ha agigantado la reputación de Hezbollah en todo el mundo árabe. La oportunidad que aparentemente vieron el presidente George W. Bush y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en la guerra de Líbano se ha transformado en una oportunidad para que los enemigos de Estados Unidos mostraran la debilidad del ejército israelí.
De hecho, ayer por la noche apenas quedaba ningún blindado israelí dentro de Líbano: sólo se veía un tanque solitario en las afueras de Bint Jbeil, y los israelíes se habían retirado incluso de la ciudad cristiana segura de Marjayun. Ahora está claro que el contingente de 30.000 hombres que, según había anunciado el ejército israelí, avanzaba a toda marcha hacia el norte, hacia el Litani, nunca existió. En realidad, es improbable que ayer quedaran más de mil soldados israelíes en todo el sur de Líbano, a pesar de que se vieron involucrados en dos escaramuzas durante la mañana, horas después de que entrara en vigor el cese de hostilidades de las Naciones Unidas.
Mientras tanto, a lo largo de la costa, desde Beirut, se desplazaba un éxodo masivo de decenas de miles de familias chiíes, con colchones y ropa de cama amontonada en los techos de los coches, muchos de ellos exhibiendo en las ventanillas banderas de Hezbollah y fotos de Sayed Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah. En los atascos masivos alrededor de los puentes derruidos de las carreteras y los cráteres que agujerean el paisaje, los hombres de Hezbollah repartían banderas verdes y amarillas de la "victoria", junto con notas oficiales que pedían a los padres que no dejaran jugar a sus hijos con los miles de bombas sin explotar que ahora están esparcidas por todo el territorio. Ayer, al menos un niño libanés murió por un obús sin explotar y otros 15 quedaron heridos.
Pero ¿adónde vuelven esas personas? Haj Ali Dakrub, un constructor de 42 años, perdió parte de su casa en el bombardeo israelí de Srifa en 1996. Ahora la casa entera ha quedado destruida. "¿Por qué Israel tenía que destruir todo esto?", se pregunta. "No negamos que las fuerzas de la resistencia estuvieran en Srifa. Lo estaban antes y lo estarán en el futuro. Pero en esta casa sólo vivía mi familia. Entonces, ¿por qué la bombardearon los israelíes?".
Lo cierto es que, frente a las ruinas de la casa de Ali Dakrub, colgando del balcón de una casa muy deteriorada, se apreciaba lo que parecía ser la carcasa de un misil. Y un grupo de milicianos de Hezbollah, uno de ellos con una pistola metida en los pantalones, pasó frente a nosotros con aire de chulería y desapareció en un jardín. ¿Quizá allí guardaban cohetes?
El señor Dakrub no lo afirma ni lo niega. "Voy a reconstruir mi casa con mis dos hijos", insiste. "Israel puede volver dentro de diez años y destruirla otra vez, pero yo la volveré a reconstruir todas las veces que haga falta. Esto ha sido una victoria de Hezbollah.
Los israelíes lograron derrotar a todos los países árabes en seis días en 1967, pero aquí no han podido acabar con la resistencia en un mes. Estos hombres de la resistencia volverían a salir de bajo tierra y devolverían el golpe. Siguen aquí".
"Salir de bajo tierra" es una expresión que he oído varias veces durante estas cuatro últimas semanas, y estoy empezando a sospechar que muchos de los miles de guerrilleros estaban efectivamente ocultos en cuevas, sótanos y túneles, y salían sólo para disparar sus misiles o para usar sus cohetes de infrarrojos contra el ejército israelí una vez que éste cometió el error de enviar tropas terrestres a Líbano.
¿Y hay alguien que crea que Hezbollah accederá a dejarse desarmar por una nueva fuerza internacional de tropas de la ONU y del ejército libanés, si es que llega alguna vez?
Ayer hubo un momento simbólico, cuando los soldados libaneses ya desplegados en el sur del país se unieron a los hombres de Hezbollah en Srifa para limpiar las ruinas de una casa en la que creían que se encontraba sepultada toda una familia. La Cruz Roja libanesa y el personal de defensa civil - representantes del poder civil que se supone que tiene que recuperar su soberanía de las manos de Hezbollah- se añadieron a la búsqueda. El mujtar,que tan descaradamente trataba de héroes a los hombres de Hezbollah, también es un representante del Gobierno libanés. Y a la entrada de este pueblo destruido sigue habiendo un póster de Nasrallah y del presidente de Irán, Ali Jamenei.
Lejos de expulsar a Hezbollah hacia el norte, más allá del Litani, Israel ha conseguido atrincherarlo como nunca en sus pueblos libaneses.

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