La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

15 Agosto 2006

¿Dónde estás, Europa?, de Laura González Álvarez en El Comercio

QUERÍA comenzar diciendo que las opiniones que a continuación expreso son exclusivamente mías y no comprometen, en absoluto, al Gobierno del que formo parte. En el año 2002, en mi condición de parlamentaria europea y en compañía de una treintena de europarlamentarios, representantes de todos los grupos políticos, viajé a Israel a raíz de una de las más crueles matanzas perpetradas por el Ejercito israelí contra la población civil palestina: la matanza de Jenín.

En Jerusalén, mantuvimos entrevistas con los embajadores de la Unión Europea, con las organizaciones pacifistas israelíes, con el presidente del Parlamento palestino y con el señor Moratinos, en aquel momento representante de la UE en la zona. Todos ellos coincidieron en ratificar los datos que la prensa europea había facilitado: el asesinato de civiles y la destrucción parcial de la ciudad de Jenín.

Podemos suponer lo que significa para los palestinos moverse en su propio país, viendo los innumerables controles que nosotros, delegación oficial, tuvimos que sortear y las horas de más que nos costó llegar a Jenín. Cuando nos acercamos al centro de la ciudad, de entre los escombros salía un fuerte olor a putrefacción: los palestinos no tenían medios suficientes para recuperar los cadáveres.

Lo más estremecedor fue el relato del director del hospital. Durante quince días, los tanques del Ejército israelí rodearon el hospital. Ni personas, ni alimentos, ni medicamentos pudieron entrar. Los trabajadores sanitarios tampoco pudieron moverse de allí. Los últimos diez días, enfermos y sanitarios comieron sólo las galletas que les quedaban. Pero lo más espantoso fue que a los heridos que llegaban a las puertas del hospital no les permitían entrar, ni a los sanitarios salir a recogerlos, bajo amenaza de disparar a matar. Más de un herido de bala se desangró a las puertas del centro ante la impotencia de quienes presenciaron su agonía. La amenaza no era baladí. Días atrás, un médico y una enfermera murieron abrasados en una ambulancia por ataques del Ejército. Los restos del vehículo todavía pudimos verlos cerca del hospital.

Salimos de Israel unánimemente convencidos de que era imprescindible parar aquella barbarie. Cuando volvimos a Bruselas, logramos consensuar una resolución con dos propuestas fundamentales: enviar una fuerza de interposición bajo pabellón de Naciones Unidas y paralizar provisionalmente las transacciones comerciales con Israel (el 40% de su comercio es con la UE ).

Para alguno de nosotros no era suficiente, pero era la mejor propuesta posible para conseguir la mayoría en el Parlamento Europeo.

La resolución se aprobó, pero los países miembros hicieron caso omiso y la ONU, como tantas otras veces, se mostró ineficaz, y sigue siendo hoy ineficaz para parar la agresión al Líbano y la matanza indiscriminada de civiles, la mayoría niños, como en Qana. De 57 personas, 30 eran niños, 15 de ellos discapacitados. Ya hay cerca de un millón de desplazados, seis de cada diez hospitales cerraron por falta de combustible y la mayor parte de las infraestructuras del país han sido destruidas. Llaman a esto «reacción desproporcionada» o «derecho a defenderse». ¿Qué sarcasmo!

Paralelamente, en los territorios ocupados palestinos se construye un muro que divide familias, roba tierras a los palestinos e impide que se mueran en su propio país. Ese muro ha sido condenado por el Tribunal de La Haya, pero es igual, allí continúa. Cuatro ministros y 26 diputados palestinos, elegidos democráticamente, están en prisiones israelíes y la última «hazaña»: el domingo, día 6 de agosto, arrestaron al presidente del Parlamento, Aziz Duweik.

Nadie quiso frenar a Israel en Jenín y ahora creen que pueden asesinar, arrestar, y destruir impunemente. De hecho, la llamada 'comunidad internacional' les está dando las dos semanas de más que pidió el Gobierno israelí para rematar la 'faena' y llevar al Líbano al siglo XIX.

Estamos totalmente en contra y nos produce el mismo horror la muerte de civiles israelíes, pues siempre pienso que entre las víctimas puede estar alguno de los valientes pacifistas que conocí y que defienden un Estado palestino viable. Sé distinguir perfectamente entre pueblos y gobiernos, entre personas y personas. ¿Cree Israel que con su estrategia en Líbano y Palestina va a dar más seguridad a sus ciudadanos? ¿Cuántos niños han de morir para parar esta barbarie? ¿Cree Europa recuperar su credibilidad perdida siguiendo las directrices de EE UU?; ¿Cree EE UU estar a salvo dentro de sus fronteras con su apoyo incondicional a Israel? Y ¿cuántos suicidas se están incorporando a las células en Occidente, como puede adivinarse en la red desarticulada la pasada semana por la Policía británica y que pretendía hacer estallar aviones en el aire con cientos de víctimas inocentes? ¿Cuándo la llamada «comunidad internacional» va a empezar a distinguir entre ocupante y ocupados, entre agresores y agredidos? ¿Cuándo va a dejar de tener dos varas de medir para aceptar o no «armas de destrucción masiva», según qué Estado las utilice? ¿Dónde estás, Europa? Cuánto echo de menos una Europa soberana que sea luz ante tanta oscuridad.

LAURA GONZÁLEZ ÁLVAREZ. EX EURODIPUTADA.

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