El 27 de abril de 1994 se cerró una era de vergüenza en la historia moderna. Fue el día en que se celebraron las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica, que marcaron el final de 300 años de colonización y de 40 de segregación racial.
Durante varias generaciones, los sudafricanos, negros, blancos, mestizos e indios (las cuatro categorías raciales bajo el régimen de apartheid) habían estado divididos en los planos político, social y económico. Se había mantenido premeditadamente separadas entre sí a las diferentes razas, que habían ido ahondando su desconfianza las unas en las otras. Los arquitectos de este sistema se referían a él elogiosamente como «desarrollo separado». Sin embargo, el sistema implicaba siempre un trato de favor a un grupo y reservar los recursos de la tierra a un solo grupo, los blancos. ¡Los fundadores del apartheid afirmaban que no era voluntad de Dios que las razas se mezclaran y penalizaron el matrimonio o las relaciones sexuales entre razas!
Aquel era un sistema desacertado y antieconómico. Sin embargo, los gobiernos de aquellos tiempos recurrieron a leyes draconianas y al terror de las fuerzas de seguridad con el propósito de doblegar a todo aquél que se les opusiese. Millones de ciudadanos, tanto negros como blancos, les hicieron frente. Durante años se difundieron en los medios de comunicación de todo el mundo informaciones sobre los padecimientos horrorosos de muchos, sobre los traslados forzosos, encarcelamientos, torturas y asesinatos, así como sobre la guerra contra países vecinos. Gracias a los sacrificios personales de millones de sudafricanos, encabezados por Nelson Mandela, el CNA (Congreso Nacional Africano, el partido de Mandela) y otros grupos nacionalistas involucrados en la lucha contra el sistema de segregación racial pudieron quebrar la estructura de tan odioso régimen.
Hoy, la Constitución de la nación, ampliamente elogiada, garantiza que todas las razas gocen de las mismas oportunidades. Habrán de transcurrir una o dos generaciones hasta que se diluya la herencia del apartheid. Sin embargo, el pueblo de esta nación multicolor está unido en su dedicación a la tarea y aguarda el futuro con ilusión.
En la vanguardia de la reconstrucción hay más de 19 millones de menores de 18 años de edad, casi la mitad de la población. En ellos está incluida la generación perdida, los jóvenes negros que boicotearon la asistencia a clase durante los años de lucha por la liberación o que no tuvieron acceso a la educación en sus lugares de origen porque no había en ellos los medios adecuados, que se están esforzando por recuperar el terreno perdido. También figuran entre ellos los nacidos libres, es decir, después de 1994, demasiado jóvenes para recordar el apartheid. Todos ellos se muestran impacientes por compensar las carencias y la desesperanza que caracterizaron las vidas difíciles que han tenido sus padres.
La sed de conocimientos es palpable y la asistencia a las escuelas primarias (de 7 a 13 años de edad) se sitúa en el 96%. El 17% de los adolescentes de 14 a 17 años asiste a la escuela secundaria. En 1994, sólo un 1% de los negros entre los 20 y los 65 años tenía un título universitario medio o superior o de formación profesional, frente a un 12% de los blancos. Esta diferencia se está reduciendo de manera constante al tiempo que la admisión general de alumnos en la universidad está aumentando vertiginosamente para todas las razas.
Sudáfrica es la principal economía del Africa subsahariana y representa el 60% del PIB de la región. Sin embargo, el desempleo es elevado y se estima que se situó en torno al 25,2% en 2005. Hay millones de jóvenes inempleables porque carecen de la formación mínimamente exigible para poder realizar su aportación a la poderosa economía legal de Sudáfrica. Otros han respondido a la miseria abrumadora con actividades en la economía sumergida, principalmente en el transporte, el comercio y las artes.
Los jóvenes sudafricanos defienden con entusiasmo el llamamiento del presidente, Thabo Mbeki, al «renacimiento africano». Hay un movimiento rejuvenecedor en la literatura, la música, la danza, el teatro, el cine, los deportes y la moda.
En Sudáfrica no hubo televisión hasta 1976 porque los gobiernos del apartheid la consideraban inmoral. En la actualidad, es un poderoso medio de comunicación popular que unifica a los sudafricanos por encima de las diferencias entre grupos sociales. Los jóvenes aportan buena parte de la energía, el talento y los conocimientos del sector de la información y el espectáculo.
UNICEF reconoce la agudeza y la creatividad que estos jóvenes aportan a esta democracia en plena floración. Ésta es la razón por la que estamos ayudando al Gobierno a fomentar la participación de los niños en su propio desarrollo mediante la educación y formación de las niñas en su vida diaria. Este plan, que se desarrolla tanto en la escuela como en el grupo social al que pertenecen, se dirige a concienciar a niñas y niños de que eviten comportamientos de riesgo que puedan llevar a contraer el VIH. El plan promueve además una cultura de no violencia contra las niñas en las escuelas y en la sociedad, al mismo tiempo que mejora la calidad del aprendizaje para todos los niños en espacios seguros y adecuados a la infancia.
Nada refuerza más mi confianza en el futuro que los viajes que hago para visitar a jóvenes que dirigen iniciativas de desarrollo en el medio rural. Incluso en escuelas y poblaciones de las regiones más pobres, los chicos están dando un nuevo sentido a su vida, estudiando los problemas en su medio natural, ofreciendo soluciones y tomando las medidas que les parecen más oportunas.
Todos ellos se apoyan entre sí en el desarrollo de las capacidades que les van a ayudar a manejarse en la vida. Sus conversaciones giran en torno a la forma de adoptar las decisiones más adecuadas en lo referente a las relaciones sexuales, las drogas, el alcohol, sobre las presiones de sus compañeros en una cultura de tabúes y sobre el silencio acerca de las actividades sexuales y el VIH, y exigen a los jefes de sus respectivos grupos sociales que tomen nota de lo que está pasando. Queda mucho por hacer, particularmente en la mejora de la infraestructura escolar y en la formación del profesorado. Así y todo, la visión del futuro es optimista para los jóvenes sudafricanos de hoy. Darles voz y la oportunidad de participar en las decisiones que les afectan, tanto en la escuela como en su grupo social, amplía y refuerza los cimientos de la nación de cara a un futuro de ciudadanos con confianza en sí mismos.
La próxima generación de dirigentes sudafricanos es ambiciosa y no quiere dejarse atrapar en el pasado de la nación. Vienen sobrados de energía, motivación e inteligencia. ¡Qué magnífico patrimonio para el país!
Macharia Kamau es representante de Unicef en la República de Sudáfrica.
© Mundinteractivos, S.A.

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