Estás sentado en el avión, con la bolsa de plástico llena de tus cositas. Te esperan en Londres. Recuerdas al eminente Tariq Ramadan, intelectual portavoz del llamado islam europeo: "Cuando Blair dice que no hay relación entre las bombas de Londres y la guerra de Iraq, en el aspecto ético tiene razón, pero en el aspecto político está engañando, está claro que están relacionados los dos hechos". Ramadan, supones, está encantado éticamente (no sabes si también políticamente) con la política exterior de Zapatero, la misma que le ha convertido en un gran hombre entre determinados sectores del mundo árabe. Recuerdas también al escritor británico Ian McEwan, que, prescindiendo de quedar bien con sus amigos laboristas, ha dicho cosas muy claras: "Algunas personas limitan su análisis por su odio ciego al Gobierno de Washington. Hay una noción sentimental de que todo es nuestra culpa, de que lo tenemos merecido". Y, de pronto, surge la conexión y recuerdas un artículo donde un fulano, a propósito de la guerra entre Israel y la milicia Hezbollah, nos advierte de que está pronta la llegada de otro terrible 11-S, porque ya se sabe que pagaremos muy cara nuestra mala vida de ciudadanos bajo la bandera imperial.

Estás sentado en el avión junto a tus hijos y procuras analizar más allá del pensamiento primario que surge en tu cabeza y que podría resumirse con un escueto hijos de puta.Pero las respetables prostitutas no merecen ser asociadas al criminal fanático y totalitario que nos está dando el día y el siglo. Hay que ir más allá. McEwan, que debe de haber perdido enteros ante la progresía de Barcelona, ha dicho cosas que no se oyen mucho: "Es asombroso cómo, incluso después del 11 de septiembre en Nueva York, el Gobierno británico continuó permitiendo los sermones en las mezquitas que incitan a los fieles a asesinar a no creyentes". Entonces, te viene a la cabeza una entrevista a Mohamed Alami, presidente de la Associació d´Amics del Poble Marroquí, que pidió a la consellera Tura que investigara qué enseñan ciertos imanes a los niños de origen magrebí. Estos chicos, según Alami, fracasan más en la escuela desde que han llegado los clérigos.

Estás sentado y el avión despega. Ahora toca otra vez el debate sobre el equilibrio entre libertad y seguridad. Muchos expertos nos aleccionarán y se dirá lo de siempre. Y vuelve esa pose cínica y correcta de tantos amigos tuyos, incapaces de pensar que ellos podrían haber sido víctimas en los trenes de Madrid o el metro de Londres. ¿Miedo? No tienes. Es lo que más desean los asesinos con rumbo al paraíso. Sólo tienes mucho cansancio y asco.