La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

12 Agosto 2006

Demasiado tiempo que perder, de Lázaro Covadlo en El Mundo de Cataluña

Hola Vallbona: Algunas veces nuestros gustos han de diferir. Vayamos al grano: no sé cómo puedes soportar durante tanto tiempo el visionado de ese macarrónico culebrón que es El cor de la ciutat.Por mi parte, haciendo gala de estoicismo, lo seguí durante cuatro o cinco veces y me ha parecido espantoso. Entiendo que pueda enganchar a tanta gente, pero ello no me obliga a transar con el mal gusto, por más popular que sea. Y conste que para nada me considero un elitista. Menos un culterano.

Eso de que el programa refleja fielmente la realidad es materia discutible. Las diversas escuelas filosóficas aún no se han puesto de acuerdo sobre lo que en realidad es la así llamada realidad.Hay quienes al concepto lo tienen por mera entelequia, otros opinan que la realidad es inmensamente más vasta que aquello que percibimos con nuestros sentidos. En fin, no quiero seguir complicándome. Sólo digo que la literatura y la ficción hispánica (incluyendo la catalana, claro está) padece de la enfermedad del realismo, y de manera crónica.

En El cor de la ciutat se pretende reflejar un modo de ser de la sociedad catalana. Me hace pensar en el fenómeno de la cinematografía japonesa y el sector de la misma que se dedica a realizar películas sobre el tema de esos gángsters autóctonos conocidos como yakusa.Desde luego, les hacen hablar y vestir según los creadores suponen que lo hacen esos bandidos, a los cuales, por su parte, les encanta ver estos filmes. Entonces visten y hablan según ven que se hace en las películas. En fin, una realidad que se alimenta a sí misma; un círculo vicioso. Me pregunto hasta dónde muchos seguidores de las aventuras y desventuras de el Peris no hacen lo mismo que los yakusas.

Todo viene de la falsa noción consistente en confundir costumbrismo con realidad. Los culebrones se especializan en hacerlo, sirviendo al espectador, a lo largo de innumerables capítulos y mediante la reiterada aparición y escamoteo de personajes recurrentes que arrastran un farragoso pasado, un complicado e hiperbólico cóctel de pasiones amorosas, de odios, desengaños y venganzas.Desde que en los años 90 se popularizaran los culebrones latinoamericanos, enfermedad ha ido en aumento.Nada que ver con los grandes folletines del siglo XIX, que en su tiempo gozaron de una popularidad equiparable a la de estos culebrones.

Yo digo que a los personajes de El cor de la ciutat les pasan demasiadas cosas, muchas muy dramáticas, mientras que a la mayor parte de los espectadores les suceden sólo unas pocas. Por eso tanta gente sigue el programa: si tuvieran una vida más movida no tendrían tanto tiempo que perder.

© Mundinteractivos, S.A.

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