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11 Agosto 2006

La demanda de viajes al País Vasco crece un 15% con la llegada de andaluces, gallegos y valencianos, de Nacho Gay en El Confidencial

Los vascos reciben más visitantes que nunca. La bondad meteorológica y, sobre todo, el ambiente de confianza generado por la nueva situación política tras la tregua declarada por ETA el pasado mes de marzo han convertido al territorio en un enclave turístico de corte vacacional al estilo de la costa mediterránea. Euskadi siempre fue destino habitual de turistas catalanes y madrileños, pero no así de andaluces, gallegos o valencianos. Ahora parece que los habitantes de estas regiones también comienzan a animarse y a acudir en masa a la comunidad vasca que, poco a poco, va ganando cuota de mercado.

Los hosteleros vascos confían en que el anuncio del alto el fuego contribuya a consolidar el turismo en Euskadi, aunque no prevén un aumento tan significativo como el que se produjo durante la tregua del 98. La razón fundamental radica en que la situación turística actual es considerablemente mejor, ya que el número de hostales y hoteles se ha incrementado desde entonces en un 26%. Además, ésta no es la primera tregua y los españoles ya se lo toman con más calma... y precaución.

Entre septiembre de 1998 y diciembre del 99, periodo en el que se mantuvo abierta la tregua, la entrada de viajeros en el País Vasco se incrementó en un 36%, según datos recogidos por el Eustat. Los efectos positivos de la nueva situación desataron la euforia en el sector, que colgó el cartel de completo. Sin embargo, el entusiasmo inicial dio paso a la total desesperanza cuando ésta llegó a su fin. Entonces, las cancelaciones de reservas crecieron hasta un 40%.

Este verano se está produciendo un incremento en la demanda de viajes al País Vasco de en torno al 15%. Así lo reconoce Jesús Martínez Millán, presidente de la Federación Española de Agencias de Viajes, que afirma observar un “evidente” repunte en el índice de solicitudes. La tregua parece ser el mejor cauce posible para dar salida a una “demanda embalsada” que ahora se está poniendo en marcha de forma “sutil pero manifiesta”. “El País Vasco es un destino claramente perjudicado por la violencia”, señala Martínez Millán, que añade: “La ciudadanía española tendía a pensar que si viajaban a Euskadi podía llegar a pasarles algo. Ahora ese miedo se está perdiendo”.

Consenso generalizado

Enrique Ramos, concejal de turismo de San Sebastián, señala que en su ciudad -costera, eminentemente turística y comercial- se observa un significativo repunte de visitantes procedentes de zonas de la geografía española habitualmente muy poco relevantes desde el punto de vista estadístico para el turismo vasco. Así, reconoce que en Donosita los visitantes gallegos representan casi el 5%, cuando apenas se dejaban notar años atrás. Por su parte, los turistas valencianos suponen el 9% y los andaluces, a pesar de la enorme distancia que separa ambas comunidades, se acercan al 15% cuando antes nunca alcanzaban el 10%. Sobra decir que estos datos, punto arriba, punto abajo, son extrapolables a toda la comunidad.

Los numerosos centros de información turística de la región llegan a las mismas conclusiones. Los datos hablan por sí solos. En la oficina central de San Sebastián reconocen haber recibido un número de visitas que se ha incrementado en un 51% durante el mes de julio. Otras como la de Irún, Zumaia, Zarautz y Hondarribia afirman tener la misma sensación, a pesar de no contar aún con datos oficiales de lo que va de verano. Muchos de los turistas que han protagonizado este incremento son andaluces o castellanos que viajan por primera vez al País Vasco. “Y se les nota”, confiesa el responsable de la oficina de Irún. “Resulta patente que han decidido a bote pronto coger las maletas y venirse, por lo que cabe pensar que la tregua es una de las causas probables de esa decisión de última hora”, añade.

No se trata sólo del turismo urbano. La cosa se extiende también al campo. Con la misma cautela, pero convencidos de que el proceso de paz tiene algo que ver en ello, los responsables de la Asociación Nekazalturismo, que representan a todas las casas rurales y agroturismos del País Vasco, reconocen un cierto incremento del caudal de viajeros para julio y agosto. “La principal consecuencia que creemos deriva del proceso de paz es el hecho de que turistas de ciertas zonas nacionales que antes no se acercaban hasta el País Vasco ahora lo empiezan a hacer”, señala uno de los miembros de la Asociación. Se espera que en los agroturismos de Guipúzcoa y Vizcaya se alcance un incremento de en torno al 10% este verano, mientras que en Álava -única provincia vasca que no asoma al mar- las cosas quedarán, presumiblemente, al mismo nivel del año anterior.

Cifras record para este año

En los tres primeros meses de inactividad terrorista –de abril a junio- el número de viajeros que han visitado el País Vasco se ha incrementado en un 13% y el índice de pernoctaciones en un 14%. Junio ha sido el mes con un mayor número de entradas: un total de 181.082. Como el propio Gobierno vasco reconoce, son las mejores cifras de la historia documentada y se espera recibir, a lo largo de todo el año y, por primera vez, más de dos millones de visitantes.

De otro lado, no parece que, al menos en líneas generales, los empresarios vascos vayan a aprovechar la mejora de la situación para subir los precios. Tan sólo el 30% de las casas rurales de la zona han decidido hacerlo y, algunos hoteles, incluso, ante la creciente oferta, se han visto obligados a bajar los suyos. A este respecto, Jesús Martínez Millán señala que lo que ha facilitado el incremento de visitantes no es tanto la subida de los precios como la posibilidad de reducir a la mínima expresión las grandes ofertas hoteleras con objeto de atraer clientes.

El turismo vasco se benefició de las bondades de la tregua del 98. Ahora, más de treinta años después de que todo comenzara, inmersos en lo que se supone es el principio del fin de la banda, de los coches llenos de explosivos, de los tiros en la nuca, los empresarios vuelven a observar el futuro desde la atalaya del optimismo. Sin embargo, confiesan hacerlo aún con cierta cautela. Saben que es demasiado pronto para lanzar las campanas al vuelo. Al fin y al cabo, se juegan en esto algo más que un previsible aumento de los beneficios por cuenta de futuros visitantes.

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