Carmen Calvo pretende combinar una sabiduría tipo Susan Sontag con el descaro formal de Los Morancos / Las medusas avanzan como falanges macedónicas y 'Pipi' Estrada se lleva la mano a la entrepierna / Sólo Guti y Arantxa de Benito han aliviado a los 'paparazzi'

Si el verano fuera generoso (que no lo es, maldita sea) esta mañana me habría desayunado con una buena noticia y ahora estaría bailando como una sabandija. Imagino ya el titular, en letras de cuerpo entero: «El Gobierno interviene las declaraciones de Carmen Calvo». Tatachán. Pensarán ustedes que estoy saliéndome por la tangente y que Carmen Calvo no forma parte de mi competencia marbellí. Pues es verdad, aunque no del todo. La ministra de Cultura no tiene nada que ver con Marbella, pero da lo mismo: es universal.

Llevo dos días sometida a la presión de fuertes jaquecas por culpa de las declaraciones de la ministra a este periódico (sección: En camisa de once varas). En dicha entrevista, Carmen Calvo pretendía combinar una sabiduría tipo Susan Sontag con el descaro formal de Los Morancos. Pero no tenía gracia ni decía cosas interesantes. Más bien al contrario: desbarraba. A lo mejor se había tomado un orfidal en malas condiciones. Tras el soponcio derivado de una primera lectura de la entrevista, concluí que lo mejor era silenciarla para apuntarme un tanto en la causa de la solidaridad de género. Qué menos.

No es la primera vez que me ocurre. Días atrás viví una experiencia parecida con una maciza (Paris Hilton o Isabel Pantoja, ahora no caigo) que también se puso estupenda en unas declaraciones planetarias. La chica confesó que se había cansado ya de hacer el amor con su novio (seguramente dijo follar, pero la traducción simultánea también debía de estar intervenida) y que a partir de ahora se dedicaría sólo a besarle. No me hice eco de semejante tontería para que no me intervinieran a mí por fantasiosa. Pero no acabó ahí el tema. De nuevo volví a callarme cuando, ya en Marbella, consulté cuál había sido el acto más importante de la semana y me respondieron que la cena contra la violencia doméstica. Todavía no he logrado reaccionar. Dada la cantidad (y sobre todo, la calidad) de los comensales, me temí lo peor. Háganse a la idea: Máximo Valverde, Marc 'Rostropovich', y de ahí para abajo.

Cuando al fin habló Carmen Calvo necesité el frasco de las sales. A la pregunta de qué pasaría si Rubalcaba le pillara escuchando la Cope, la señora ministra contestó que le caería la bronca de su vida (según ella, son amigos: está claro que Rubalcaba no elige a las amistades por su inteligencia). También declaraba Calvo que debería crearse una unidad móvil de peluquería para peinar a las señoras con cargo (o sea, a ella); que a las 12 de la noche siempre está en algún sitio (toma, y yo); y que es una obsesa del lenguaje. Mira por dónde, eso cuadraba. Ahora me explico su incontinencia verbal.

Notas en la moleskine: las medusas avanzan como falanges macedónicas y 'Pipi' se lleva la mano a la entrepierna. Pipi no sólo es Pipi Estrada, sino todos los malandrines del sexo que hacen su agosto con las medidas íntimas. La plaga de las medusas es un castigo de Dios para combatir los excesos del fotoshop.

Aquí sigue reinando el silencio. Como cotilla que soy, pregunto por Judah Binstock, uno de los jerifaltes de Marbella conection que más hilos ha movido en esta ciudad. Una vez quiso empapelarme porque lo llamé «el judío que vino del frío». Judah Binstock tiene mujer vietnamita y abogados en Nueva York. Es un hombre bien conocido por la Junta de Andalucía, porque anduvo a vueltas con el negocio del juego. Todos los años, Judah celebraba un fiestón al que acudían en romería los políticos locales. Él los recibía a todos y les echaba de comer. Luego se enfundaba el pijama y adiós muy buenas. Este año no ha habido fiesta en chez Binstock. Judah ha desaparecido bajo las sombras, dicen que está en Portugal, donde ha instalado ahora su cuartel. Incluso hay quien afirma que allí protege a Carlos Fernández, el ex edil fugado. La mujer de Judah Binstock ha venido a Marbella de puntillas, pero apenas se ha mostrado. No quiere dar pistas.

Los paparazzi hilvanan arriba y abajo la playa en busca de caretos famosos. Pero la cosa está chunga. Sólo Guti y Arantxa de Benito les han proporcionado un alivio con sus secuencias de arrumacos. Claro que con Guti y Arantxa no se llenan las despensas del invierno. Marbella ha dado los mejores paparazzi del país, pero también los más peligrosos. Un paparazzi sin foto es como un león hambriento. Cuidadín.

Garbancito (Alfonso de Hohenlohe sobrino) araña mis sueños. Con él vuelve el hombre en frasco pequeño. La otra noche, el chico tocaba el piano para Beatriz de Orleans, cuya vida es un paseíllo de apellidos ilustres. Dado que mis amigos aconsejan que proteja mi dignidad y no mencione a Yola Berrocal, haré puerta en la residencia de Beatriz. La pega es que los apellidos alemanes se me dan fatal.

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