Para que un régimen constitucional arraigue en Cuba hace falta construirlo desde dentro.

El pasado mes de mayo, con ocasión de la ceremonia del inicio de la primavera en la Universidad de Columbia (Nueva York), una de las sillas que habían sido reservadas para las autoridades académicas y los invitados de honor que se habían reunido allí quedó ostensiblemente vacía, arriba en el estrado. La silla que nadie ocupó estaba reservada al activista demócrata cubano Oswaldo Payá Sardinas.

A Payá se le concedía un doctorado honoris causa en reconocimiento a su ingente labor para contribuir a la transformación de Cuba de dictadura totalitaria en democracia constitucional. El Gobierno cubano, sin embargo, le denegó el permiso de salida del país y no pudo recibir la distinción. No era la primera vez que al opositor cubano se le había negado la autorización para viajar. De hecho, cada año millares de compatriotas suyos sufren idéntico sino.

Pero este incidente es especialmente notable porque tuvo lugar justo una semana después de que Cuba fuera elegida para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de reciente creación --una entidad que se encarga de promover y proteger los derechos fundamentales de las personas--. Y un derecho humano elemental es la libertad de entrar y salir del propio país cuando uno así lo desee.

Al día siguiente de que Cuba fuera elegida para formar parte de este organismo de las Naciones Unidas, Payá presentaba su Programa Todos Cubanos a los medios de comunicación internacionales desde su casa de La Habana. Este plan, auténticamente democrático, es el resultado de los debates mantenidos durante dos años con más de 12.000 cubanos residentes en Cuba y en el extranjero, y representa una excelente hoja de ruta para una transición no violenta hacia la democracia en la isla.

El programa garantiza a los cubanos los derechos de culto y de libre expresión, incluyendo el derecho de criticar al Gobierno. También el derecho a viajar libremente, a la propiedad privada y al desempeño del comercio. Este documento, de 170 páginas, habla, asimismo, de procesos electorales justos y da soluciones para un retorno pacífico a la vida y a la sociedad cubana para los nacidos en la isla que actualmente viven en el extranjero.

EL PROGRAMA Todos Cubanos y el diálogo nacional del que surgió es una extensión del Proyecto Varela , un importante intento autóctono y desde las bases de establecer una reforma democrática. Más de 10.000 cubanos --superando la cultura del miedo y la intimidación-- suscribieron con sus nombres completos y firmas un documento que pedía la convocatoria de un referendo sobre las elecciones libres, la libertad de expresión, la libre asociación, el libre comercio y el excarcelamiento de todos los prisioneros políticos de signo pacífico.

Hasta el momento, más de 25.000 personas han firmado ya la petición, a pesar de la persecución por parte del Gobierno de todos aquellos que organizaron y participaron en el intento. Hay casi 50 personas encarceladas en presidios cubanos, acusadas de recoger rúbricas para dar apoyo al proyecto. Una persecución que tuvo lugar a pesar de un artículo de la Constitución cubana actual que permite a los ciudadanos promover leyes en la Asamblea Nacional si han recogido, previamente, 10.000 firmas que avalen la medida que se propone.

El Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, en un gesto de apoyo a "la oposición política pacífica en Cuba", adoptó una resolución en el mes de junio en la que "se deplora el constante deterioro de la situación de los derechos humanos en Cuba", y pide la libertad de todos los prisioneros políticos. Los ministros europeos hacían notar que estaban particularmente preocupados por la participación del Gobierno cubano en "varias docenas de actos de asedio e intimidación violenta, con la inclusión de actos de repudio" contra ciudadanos, rivales políticos y periodistas. Los ministros de exteriores incluso pidieron al régimen de Fidel Castro que permitiera a Payá viajar a la reunión que iban a celebrar en junio en Bruselas.

Hemos trabajado para levantar la asfixiante losa de sistemas totalitarios, comunistas, y somos conscientes de la importancia de la solidaridad hacia los demócratas cubanos ofrecida por las gentes de los países libres. Si quiere apoyar a las democracias emergentes, la comunidad internacional debe prestar apoyo a los valientes individuos de aquellos países que corren grandes riesgos para hacer que fructifiquen las reformas democráticas. Payá y su Movimiento de Liberación Cristiana merecen y necesitan urgentemente el apoyo de la comunidad internacional y del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

PARA QUE la democracia arraigue en un país no democrático hace falta construirla desde dentro. El Programa Todos Cubanos , aunque poco conocido internacionalmente, es un documento monumental que ofrece un modelo para las democracias emergentes de cualquier lugar sobre el modo de favorecer un cambio democrático no violento.

Ahora, cuando el flamante Consejo de los Derechos Humanos está iniciando sus trabajos en favor de la protección de los derechos de los ciudadanos en todo el mundo, instamos a todas aquellas personas que apoyan los derechos humanos a que pidan a los miembros del Consejo y a todos los estados miembros de las Naciones Unidas que ejerzan su influencia sobre el régimen de Castro. El Gobierno de Cuba debería cumplir su propia Constitución y someter el Programa Todos Cubanos a un voto nacional.

En unos momentos en los que la reciente intervención quirúrgica de Fidel Castro, que hizo necesario el traspaso temporal de poderes a su hermano y sucesor designado por él, Raúl Castro, ha evidenciado la fragilidad de aquel dirigente, que ya cuenta 79 años, el pueblo cubano ha mostrado el camino hacia un nuevo futuro en la isla, en el que cada individuo cuenta y la dignidad de cada ser humano es respetada. Esa voz merece ser escuchada.

(Distribuido por The New York Times Syndicate.
Traducción de Toni Tobella.)

Madeleine Albright. Exsecretaria de Estado de EEUU.