La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

9 Agosto 2006

Esa noche, de Sandra Russo en Página 12

Estuve en Cuba varias veces, y si tuviera que elegir un país para vivir, sería otro. Digo esto para dejar constancia de mi identidad pequeñoburguesa, y para admitir de entrada que, siendo periodista y dedicándome a la escritura, no podría, en Cuba, decir todo lo que se me ocurriera, ni apelar al cinismo que tanto nos reconforta paliativamente a los desencantados, ni sonar corrosiva. Es decir que lo digo con plena conciencia de que llevo adherida a la mente la noción de libertad capitalista y que no tengo pensado renunciar a ella porque sé que no puedo, porque eso, creo, está más allá de mi voluntad.

Pero me inquieta que la mala salud de Fidel Castro y la delegación del mando en su hermano Raúl haya estallado como un simple debate entre qué es democracia y qué no. Como si no hubiera otra vara, otra ventana para mirar algunos acontecimientos y, sobre todo, algunos procesos históricos. Como si lleváramos incrustado en el cerebro un democratómetro según el cual todo aquello que no responde a la fórmula de la democracia representativa quede automáticamente impugnado. Que la democracia está llena de fallas, pero es el mejor sistema conocido, lo sé, lo sostengo. Pero eso no equivale a perder de vista que el pato más feo puede ser un cisne.

La primera vez que fui a la isla lo hice acompañada por un grupo de periodistas varones y bastante más influyentes que yo, que andaba por los veintipocos, y recibí alborozada aquella invitación del Instituto Cubano de Turismo. Fueron dos semanas de convivencia, entre otros, con tipos entrañables como Ariel Delgado y Enrique Sdrech, recorriendo lugares que iban mucho más allá de Varadero o los destinos conocidos. En el grupo había un periodista del diario de Bahía Blanca, La Nueva Provincia, que, según confesó ya en el avión, iba a constatar que Cuba era una farsa de equidad y justicia.

Mientras estábamos allí, se celebró el 25º aniversario de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), organizados manzana por manzana en todo el país. Los mismos que están activándose ahora en ese mismo sentido, después de décadas de funcionar como organizaciones de base para que cada embarazada llegue a tiempo al hospital o para que cada niño sea vacunado. A último momento pedimos asistir a uno de los miles y miles de festejos. Nos fue destinada una manzana en los suburbios de La Habana. Nos perdimos en el camino. Llegamos más de una hora tarde. Los vecinos nos estaban esperando. Había carteles que rezaban: “Bienvenidos hermanos argentinos”, y muchísimos regalos para nosotros, que los niños habían alcanzado a hacer en las pocas horas libres que tuvieron.

Nos sentamos a una de las mesas en la calle y comenzamos a disfrutar de las risas de los hombres y mujeres que se nos acercaban y que nos hablaban de Mirtha Legrand y del Che. Además de los regalos, los niños habían tenido tiempo de aprenderse de memoria algunas estrofas del Martín Fierro. Y las recitaban con ese tono que nunca le escuché a ningún niño argentino. Los argentinos no tenemos training para la mística. Nos dan pudor algunas emociones. Esos pioneros cascaban sus gargantas con esos versos y recitaban a voz en cuello las mismas palabras que a nosotros nos habían fastidiado en el colegio. Esa fue una ráfaga de comprensión que me asaltó justo en ese momento. Esos niños, que también recitaron a José Martí, a quien amaban, nos homenajeaban con algo que suponían que nosotros amábamos. Pero nosotros no amábamos el Martín Fierro. ¿Qué amábamos nosotros?

No puedo poner esto en palabras con mucha exactitud. Pero esa noche, en esa tierra sembrada de bombitas de luz de pocos voltios, entre esas casas pobres de paredes descascaradas y de pintura vieja, entre esa gente dadivosa que nos tocaba los hombros y nos ofrecía su comida, yo viví algo que no había vivido antes ni volví a vivir después. Cuba entera es un país cuya población desconoce situaciones límite que para la mayoría de nuestras poblaciones son frecuentes. No pueden salir del país, como la doctora Hilda Molina, pero están liberados del dolor de un hijo que se muere por falta de comida o de atención médica, del dolor de un desalojo inminente, del dolor del analfabetismo, del dolor del desempleo. ¿No son ésas acaso otras formas de la libertad?

Cuando llegó el momento de hablarles, de tomar el micrófono y agradecerles semejante demostración de cariño hacia un grupo de perfectos desconocidos, nosotros elegimos al periodista de La Nueva Provincia para que fuera el vocero del grupo. Estábamos seguros de que esa ráfaga también a él lo había traspasado. Y el hombre, a paso lento, subió a la tarima, tomó el micrófono y comenzó a hablar, pero no pudo seguir. Un llanto lento se le trabó en el cuello, porque la ideología es una cosa, pero otra cosa es la verdad.

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servido por caffereggio 2 comentarios compártelo

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eva-sale-a-cazar

eva-sale-a-cazar dijo

vARIOS AÑOS DESPUÉS LEO ESTE POST ,YA QUE ESTÁ ENLAZADO AL MÍO...NO SÉ SI REGRESAS DE VEZ EN CUANDO POR ESTE BLOG. DE TODOS MODOS TE DEJO MI AGRADECIMIENTO (Y UNA MANZANA!) POR HABER PUBLICADO ,HACE TIEMPO, ESTE RELATO QUE ME INVITA UNA VEZ MÁS A CONOCER CUBA.

GRACIAS.
EVA

15 Enero 2009 | 07:07 PM

Jose Antonio Garro

Jose Antonio Garro dijo

Fui muchas veces a Cuba y mi enacanto fue inmediato. Mas alla de nuestra forma de vida y nuestra cultura capitalista, Cuba nos impacta por la calidez de su gente, que se abren a los argentinos por su recuerdo del Che, Mirta Legrand, las buenas novelas de la TV argentina y la figura inolvidable de Carlos Gardel. La angustia para aquellos que estan disconformes de no poder expresarse o la imposibilidad salir del pais sin autorización, no disminuye la alegria ni la firme defensa de Cuba.
Caminando por las calles de los barrios cubano, me acordaba de las tardes- noche de mi juventud cuando las familias estaban reunidas en la casa tomando mate o cenando escuchando radio y compartiendo la cosas cotidianas de la vida. Tuve la sensación que habiamos perdido muchas cosas que nos daban felicidad pero sobre todo que nos hacian sentir mejores seres humanos.
La nota me hizo emocionar, tanto, que se me pianto un lagrimon.
Muchas gracias

16 Febrero 2009 | 07:05 PM

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