SU impacto brutalista se atisba entre un bosque de grúas desde el AVE, cerca de Valdemoro, pero es en la Radial 4, en la ruta de Andalucía, donde se percibe con toda su descarnada intensidad la múltiple colmena de ladrillo ocre plantada en medio del secarral de La Sagra. Es Seseña, la ciudad fantasma, el nuevo logotipo de la corrupción española pese a que ningún juez se ha pronunciado aún sobre esta operación incomprensible y misteriosa del más oscuro personaje de moda: El Pocero, un tiburón desclasado que pasea su soledad y sus secretos por Mallorca a bordo de un gigantesco yate estigmatizado como si fuera el barco del Holandés Errante.
Seseña llama la atención porque está levantada en medio de un erial, un desierto manchego en el que clama la sinrazón de su hormigón salvaje. Pero hay muchas seseñas mimetizadas en el paisaje español, acomodadas sobre colinas de la periferia de las capitales o recostadas en la suave pendiente de las costas; algunas han nacido sobre bosques de pinares o hayedos veteranos, pero sus nombres comerciales que evocan jardines marinos o paraísos rurales dulcifican la abrupta realidad de su principio común: recalificaciones estimuladas, informaciones privilegiadas, cohechos más o menos evidentes, atajos administrativos abiertos por profesionales del tráfico de influencias y exploradores con salvoconductos políticos.
Nadie se quiere acercar ahora al Pocero, que emerge en los periódicos como un rudo y semianalfabeto self made man del ladrillo. Pero ciertas fortunas no se pueden amasar en España sin contactos selectivos en las esferas donde residen las competencias y los permisos, en las autonomías que visan los planes urbanísticos, en los ayuntamientos que firman los cambios del suelo. El morbo del Pocero circula en forma de rumores subterráneos sobre los pasajeros de su ahora solitario yate «Clarena», sobre los beneficiarios del préstamo de su colección de aviones, sobre supuestas conexiones transversales que saltan sobre las líneas ideológicas que separan los grandes aparatos de poder. Un hilo misterioso que uniría Baleares con las cuencas del Júcar y del Segura, y cuyas puntadas alcanzarían a ex ministros del PP y del PSOE con un floreciente pasado de virreyes territoriales y notoria influencia en sus ámbitos de decisión.
Pero nada hay patente todavía en esta brumosa serpiente de verano. Nada salvo las colmenas de Seseña, millares de viviendas vacías alzadas en bloques compactos como pantallas pardas sobre el horizonte árido y reseco de la llanura toledana. Y el eco de una frase lapidaria cuyo testimonio está escrito en los papeles que, tras dar vueltas durante meses por redacciones y despachos de la Corte, han acabado en la mesa de una Fiscalía: «Tú eres tonto; te crees el único alcalde honrado de España». Una frase que, de ser cierta, constituiría el mejor retrato sonoro de una época.

Si aparte de los contactos encima se engaña a los compradores de las vivendas ( 748 Chalets en Residencial Seseña) prometiendo calidades que no se entregan y desperfectos importantes que no se reparan pues un punto mas para hacer dinero. Solo nos queda denunciar (cosa que haremos) y alzar la voz por alguien quiere escucharnos