Los temores del Gobierno se han cumplido. El sector más ortodoxo de Batasuna, liderado por Rufi Etxeberría, ha desplazado definitivamente a los dirigentes más posibilistas de la ilegalizada formación en las negociaciones que mantiene de modo “público o discreto” con representantes de las otras fuerzas políticas vascas, principalmente con el PSE de Patxi López.
Así lo han asegurado a El Confidencial fuentes conocedoras del estado actual del proceso de paz, que recalcan que uno de los principales afectados por estos movimientos ha sido el líder navarro de la izquierda abertzale, Pernando Barrena. Éste ha sido la mano derecha de Arnaldo Otegi durante los cinco años que han durado los contactos “oficiosos” con los socialistas vascos que desembocaron en el alto el fuego permanente de ETA del pasado 22 de marzo.
Sin embargo, hace aproximadamente un mes, la coalición avisó a los dirigentes del PSE con los que mantiene abiertos los canales de comunicación -principalmente el presidente del partido, Jesús Eguiguren- de que se iba a producir un cambio en la interlocución: Barrena dejaba su puesto a otro militante de Batasuna. Ese otro militante era Rufi Etxeberría, quien para entonces ya había comenzado a acaparar parte del protagonismo.
Demasiado “accesible”
Según explicaron entonces los dirigentes abertzales a sus interlocutores socialistas, el motivo no era otro que centrar el trabajo del líder navarro en la comunidad foral. Sin embargo, otras fuentes apuntan a El Confidencial que al sector duro de Batasuna no le gustaba la “accesibilidad” que éste mostraba hacia ciertos medios de comunicación que la ilegalizada formación cataloga como “hostiles”. “Consideran que es mejor tenerlo apartado de información sensible”, añaden.
Desde entonces, todos los contactos discretos entre los socialistas vascos y Batasuna -que han seguido celebrándose fluidamente tras la tregua de la banda armada- han contado con la presencia del considerado guardián de la ortodoxia de la izquierda abertzale y, en algunas ocasiones, de la también dura Olatz Dañobeitia, otra de las integrantes de la comisión negociadora que la ilegalizada formación hizo pública a finales de mayo y que también asistió a la reunión pública de julio con Patxi López.
Hasta este cambio, la interlocución de Batasuna con los socialistas vascos había sido extremadamente estable durante todos los años de contactos en la sombra. De hecho, Otegi y Barrena había protagonizado casi en exclusiva todos los encuentros y sólo en dos ocasiones -cuando el propio Otegi estuvo enfermo y no pudo comparecer en la Audiencia Nacional, y durante su última permanencia en prisión-, participó otro dirigente abertzale, aunque en ambas ocasiones fue Joseba Permach.
El cerebro de la estrategia
La constatación del cada vez mayor poder de decisión del duro Etxeberría era uno de los temores que desde hace semanas manifestaba en privado Moncloa, como adelantó El Confidencial el pasado 12 de julio. El Gobierno cree que gran parte del endurecimiento en las últimas semanas del discurso de la ilegalizada formación es fruto de creciente influencia sobre el conjunto de la izquierda abertzale. “[Arnaldo] Otegi es la imagen, pero el cerebro de toda la estrategia de Batasuna es otro. Y ese ‘otro’ estamos convencidos de que es Rufino Etxeberría”, apuntaban recientemente a este diario fuentes del Ejecutivo socialista.
Ese temor, sin embargo, no es compartido por varios dirigentes vascos consultados por este diario. “Es duro al negociar, es cierto, pero de ahí a decir que ha marginado a Otegi hay un abismo”, aseguran desde las filas del propio PSE. Otro político que ha participado en las últimas reuniones de Batasuna con las diferentes formaciones de Euskadi incluso asegura que “la presencia de Etxeberría es una garantía para el Gobierno de que lo que se acuerde en su presencia va a ser asumido por el resto de la organización. Moncloa debe saber que un sí de Rufi no tiene marcha atrás”.
Sin embargo, gran parte del temor del Ejecutivo al ascenso de este dirigente en Batasuna se debe a su pasado, que incluye varios ingresos en prisión y su integración en la Mesa Nacional en varias etapas desde 1988. Rufi Etxeberría es considerado, además, el impulsor de la célebre estrategia de “socialización del sufrimiento”, que marcó la dura línea que siguió la izquierda abertzale en los años 90. Un duro historial que Moncloa no olvida.

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