La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

7 Agosto 2006

Listas abiertas, de José Manuel Ibañez en La Nueva España

Estamos a diez meses de las elecciones municipales y autonómicas, prácticamente nada. Como cada cuatro años, aunque de poco me sirva, salvo el pataleo, vuelvo a incidir en lo que considero la mayor imperfección de la democracia. Invariablemente nos presentan listas cerradas, en las que se vota en bloque a un partido, con lo cual se deja nulo margen al elector, sin ningún abanico de opciones, lo que le pone en la tesitura de «lo toma o lo deja».
Todo ello viene agravado porque en la inmensa mayoría de los casos resulta toda una tomadura de pelo a las bases, de las que se acuerdan justamente para pegar carteles, rellenar mítines o que estén al día en sus cuotas. Al final, todo resulta mangoneado por la media docena que tiene en sus manos los botones que teclean los dígitos justos.

Ellos se reparten las parcelas de poder, los nombres que se incluirán en las listas con derecho a premio, los altos cargos que conllevarán prebendas de todo tipo, incluida nómina suculenta y capacidad para enchufar a conocidos y allegados, y, si nos fijamos un poco, son siempre los mismos desde el año de la pera.

Casi no dio tiempo a tomar posiciones y ya tenemos ejemplos clamorosos de lo que, según sus propias teorías, no se debe hacer. El mismo Principado u Oviedo son muestras palpables, y servirán de ejemplo para todo lo que venga detrás. Lo curioso es que todos se empapiellan cuando pronuncian lo de democracia. Debe de ser la particular de ellos.

En los municipios, que es donde quizá serían más interesantes las listas abiertas, dado que conocemos mejor al personal y los problemas cotidianos son palpables, no parece tan difícil incluir determinados nombres sin número de salida, incluso en lista abierta con todos los que se quisieran presentar, con siglas a continuación, o no.

En el caso de Langreo o Mieres, se pondrían las 25 cruces correspondientes y luego a ver qué pasa. Esto evitaría el votar porque sí, a una lista en la que personas validas van acompañadas de. En este aspecto la «d» de democracia más parece una «d» de dictadura de partidos. La marea con los desencantados del sistema crece. Me incluyo, con lo cual sólo me queda decir que, llegado el día, ya se lo que voy a hacer.

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