Trichet acelera las subidas de tipos, aunque el mercado no cree que vayan a ir más allá del 3,5%, de E. Segovia en El Confidencial
Como se esperaba, el BCE aceleró ayer el ritmo de las subidas de tipos de interés con un incremento de veinticinco puntos básicos hasta el 3%. Si desde que comenzó el ciclo en diciembre los ha venido elevando cada tres meses, ahora sólo ha habido que esperar dos. E incluso había analistas que esperaban una subida de medio punto hasta el 3,25%, lo que indica claramente que el endurecimiento monetario está lejos de su fin. El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, así lo ha explicado. Pero, a partir de ahora, las cosas se van a complicar mucho para la autoridad monetaria, ante las dudas sobre la recuperación económica en Alemania.
Trichet reiteró tras la reunión del Consejo del BCE su mensaje de que la política monetaria sigue siendo “acomodaticia” y que tendrá que seguir subiendo los tipos si la economía crece al ritmo esperado por el BCE (el 2,1% en 2006). “Seguiremos muy de cerca todos los acontecimientos para asegurar la estabilidad de precios a medio y largo plazo”, añadió. Esta frase implica, según firmas como Bank of America, que habrá una nueva subida de tipos en octubre. No obstante, no utilizó la palabra “vigilancia” para referirse a la inflación; en la reunión mensual de julio, este término dio la pista para anticipar la subida de ayer.
En todo caso, el consenso del mercado mantiene su previsión de que habrá dos subidas más de tipos este año, hasta el 3,5%, y los analistas más agresivos estiman que las alzas no terminarán hasta que se alcance el 4% a lo largo de 2007. Los argumentos para la aceleración de las subidas de tipos son dos, principalmente: el peligro de que la escalada de la energía se traslade al conjunto de los precios de la economía (efectos de segunda ronda) y el descontrolado crecimiento del crédito en la zona euro, donde la masa monetaria creció al 8,5% en junio.
Freno antes de lo previsto
Sin embargo, las cosas están mucho menos claras una vez que los tipos alcancen ese nivel. Aunque hay países como España donde el recalentamiento del mercado inmobiliario y las tensiones inflacionistas (el IPC se situó en el 4% en julio) necesitan mayores alzas de tipos, las economías centrales de la Zona Euro están empezando a salir del estancamiento y su recuperación todavía no es lo suficientemente sólida. Por ello, Trichet tiene que medir mucho sus actuaciones: si se pasa subiendo los tipos, podría abortar esa recuperación. La mayoría de los indicadores son positivos por el momento, pero el índice IFO de clima empresarial en Alemania cayó inesperadamente en julio, lo que supone una primera señal de alarma.
La cosa se complica más todavía por cuanto el Gobierno de Angela Merkel en Alemania y el de Jacques Chirac en Francia tienen previsto para el próximo año una subida de impuestos para reducir su déficit público y volver a los parámetros del Pacto de Estabilidad, que incumplen desde hace años. La conjunción de unas políticas fiscal y monetaria demasiado restrictivas puede ser fatal para la incipiente recuperación. Con el agravante de un euro que ha retomado la senda alcista y que podría acelerar su subida frente al dólar si la Reserva Federal pone fin a las subidas de tipos mientras el BCE continúa con las suyas (un euro fuerte penaliza las exportaciones europeas).
Advertencias del FMI
El propio FMI ha advertido del riesgo de ir demasiado lejos con las subidas de tipos sin que se haya consolidado la recuperación económica de la zona euro. La prueba definitiva es que el Euribor a 12 meses se encuentra ligeramente por encima del 3,5%, es decir, no descuenta ningún movimiento del BCE después de fin de año.
Así pues, Trichet va a enfrentarse en los próximos meses al mismo dilema que tiene Ben Bernanke en EEUU: seguir subiendo los tipos para evitar una posible escalada inflacionista, o dejar de subirlos para no perjudicar al crecimiento económico. Y ya hay voces en el mercado que dicen que este dilema puede llegar incluso antes de fin de año; si las economías europeas se desaceleran en el tercer trimestre, la hora de la verdad sonará para el BCE.
