Juan March Ordinas tenía visión de futuro y ojo clínico para los negocios. El banquero mallorquín financió el golpe de Estado del general Franco cuando intuyó que una buena inyección de millones inclinaría la balanza en favor de los golpistas, más rentables para la Banca March que los dirigentes de una España republicana.
Una biografía poco conocida califica a Juan March de pirata sin escrúpulos, capaz de vender a sus propios aliados un barco cargado de los zapatos que tanto necesitaba mucha gente que andaba descalza.Por si fuera poco, el astuto negociante anunció +-según su nueva biografía- que sólo entregaría los de un solo pie hasta que le pagaran el total de lo acordado.

Juan March forma parte de una serie de geniales empresarios mallorquines que han triunfado después en el mundo entero. Pero cometió un fallo descomunal en sus predicciones. Para el banquero, el futuro económico de Mallorca estaba en las tierras de cultivo del interior de la isla. Era partidario de que al hereu le correspondieran las fincas.

Las posesiones de la costa eran terrenos sin valor para el tonto de la familia.

Los padres de Gabriel Escarrer Juliá, el presidente de Sol Meliá (una de las cadenas hoteleras más importantes del mundo, que da trabajo a 35.000 personas), no eran terratenientes, sólo unos payeses modestos. Su hijo tampoco ha sido el menos espabilado de la familia. Al contrario.

Como ocurrió con Barceló, Ríu o Fluxá, Escarrer, joven recadero en Wagon Lits, supo adivinar la importancia del turismo para el futuro de Mallorca. La otra noche recibió del Rey Juan Carlos la Medalla de Oro de las Islas Baleares por su extraordinaria carrera empresarial, entre otros méritos.

Este año, Enrique y Antonio Puig, esos perfumistas catalanes que han creado otro imperio mundial de fragancias, cosmética y moda, comparten el patrocinio de la Copa del Rey de Vela con Lorenzo Fluxá, de Camper, otro emprendedor mallorquín de talla internacional, más amigo de la discreción que de los fastos mediáticos.

Su abuelo, Antonio Fluxá, fundó en 1870 la primera fábrica mecanizada de calzados. La modernidad de Camper era algo nunca visto en Mallorca. Este personaje visionario y cosmopolita también asombró a sus paisanos cuando se trajo de París el primer fonógrafo que se veía en la isla.

En los años 50, su hijo creaba Viajes Iberia, un emporio de trayectoria fulgurante.

Por otra parte, los Fluxá como Escarrer, han querido dar a sus empresas una dimensión social que va más allá de números y balances.

Ahora que la nueva aristocracia del ladrillo, se enriquece con una velocidad directamente proporcional a sus desmanes urbanísticos y a su ignorancia, estos empresarios que salen poco en las fotos y quieren algo más que beneficios, merecen algo más que una medalla.

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