Eladio de Pablo oculta la dialéctica con la retórica, de José Manuel Rodríguez Pardo en La Nueva España
Leyendo la edición gijonesa de La Nueva España, del 12 de julio del presente año, he comprobado cómo Eladio de Pablo, con su artículo «¡Oh, qué bonita es la dialéctica!», publicado en la página 2 de dicha edición, ha intentado ocultar bajo frases ampulosas y graves acusaciones el artículo de Gustavo Bueno sobre el proceso de pacificación del País Vasco, publicado en primera instancia en la revista «El Catoblepas» y extractado en este mismo periódico el 9 de julio.
Eladio de Pablo, que cada tres años se decide a insultar a don Gustavo, no duda en descalificar a Gustavo Bueno como «conservador» -¿de qué?Ñ y «enciclopédico sofista», así como recomienda no leer el artículo del propio Bueno, al que sepulta bajo el original sintagma «diarrea verbal». ¡Gran comienzo, sí señor! Eso se llama respetar al adversario y mostrar honestidad intelectual. Si tuviera en mayor estima sus capacidades y creyera que lo que escribe don Gustavo es endeble y falso, De Pablo no dudaría en criticarlo a fondo. Sin embargo, ni un comentario sobre el artículo del profesor Bueno, más allá de descalificaciones tan facilonas y groseras como las mencionadas. Cuando se intenta tapar un artículo de esa manera, en el fondo se manifiesta un profundo miedo a que las propias mentiras queden al descubierto ante el público. Ahí demuestra De Pablo lo respetuoso que es, su talante pluralista y, ¡oh!, las muchas obras dramáticas que salen de su cacumen y que maravillan a toda España, que se agolpa ante los teatros que representan continuamente sus obras.
Y lo cierto es que Eladio de Pablo usa el mismo método que Gustavo Bueno denuncia en su artículo del 9 de julio: que el PSOE trata de ocultar las razones dialécticas -es decir, fundadas en la propia estructura real de pactos como el pacto antiterrorista firmado en el año 2000 por el PSOE- con argumentos retóricos. Ejemplo: según don Eladio, el PP acusa al PSOE de haber perpetrado los atentados del 11-M para sostener que es un partido ilegal al que hay que desbancar con un golpe de Estado, ocultando así que el 11-M fue culpa de los «populares» por meternos en la «guerra criminal» [sic] de Irak. Razonamiento que demuestra, según el dramaturgo Eladio de Pablo, la naturaleza «antidemocrática» del PP y la Iglesia. Todo lo mete en el mismo lote nuestro triunfante dramaturgo, aunque no sean magnitudes comparables, qué más da.
Don Eladio nos lo pone fácil, pues si realmente el 11-M hubiera sido causa de la guerra de Irak y no de una amenaza islamista que ya Bin Laden señaló en 2001 al decir que el Islam recuperaría España, no se entiende que los presuntos criminales sean confidentes policiales. Si además las negligencias que llevaron a desdeñar la custodia de tales confidentes fueron culpa del propio PP, lo normal es que los socialistas hubieran hecho públicos todos los detalles, para descrédito de la oposición. Y si por cada duda sobre el sumario del 11-M el Gobierno responde tapando el asunto con gruesa retórica y alusiones extemporáneas sobre el carácter antidemocrático del PP, en consecuencia hemos de sospechar que algo tiene que ocultar el actual Gobierno socialista. Por otro lado, tildar de «antidemocrático» al PP, partido con diez millones de votantes que supera con creces a fuerzas tan escuálidas como la ridícula coalición IU -en la que milita don Eladio, autor del exabrupto- o a los partidos nacionalistas que aún menos votos tienen pero que están arrimados al hombro del PSOE, es algo digno de tomarse con generosidad retórica. Para justificar estas patéticas lamentaciones diremos, a coro con el gran estadista socialista José Blanco, que en el fondo es «un simple desahogo» ante la tétrica realidad de la próxima desaparición, por falta de apoyo democrático en las urnas, de la coalición rojiverde IU.
También J. C. Gea, con su nota titulada «PPlatón contra los PSOEfistas», en la página 20 de la misma edición gijonesa, decide asumir el mismo discurso: según este comentarista de la sección de Espectáculos, Gustavo Bueno está defendiendo al PP por oscuros intereses que le conducen a ocultar que los «populares» también usan la retórica para hacer política. Pero la cuestión no es si los populares, como cualquier otro partido, usan la retórica o no, sino si en el caso concreto del diálogo con la banda terrorista ETA los argumentos del PP, como el que alude al pacto antiterrorista firmado desde la perspectiva de España, tienen una base real. Y lo cierto es que prometer a los terroristas la secesión efectiva del País Vasco a cambio del cese de la violencia es no sólo una ruptura del pacto antiterrorista, sino una traición efectiva hacia la España que los socialistas juraron defender al tomar posesión de sus cargos. Un gobierno de España, sea del color que sea, no puede conspirar en la más absoluta opacidad y permitir que la nación que gobierna acabe desmembrada, por mucho que los ciudadanos aterrorizados por ETA le premien tras esa entrega con la mayoría absoluta. Sería tanto como ser capitán de una nave y estrellarla para cobrar el seguro. Muchos dirán que no pasa nada, que de momento «España va bien» y se va tirando como se puede, pero un verdadero gobernante no puede sacrificar el futuro de la nación que gobierna a costa de un puñado de votos.
Dada esta situación, tratar de apelar a cuestiones psicológicas, como que los populares están resentidos por haber perdido el poder, o que simplemente se desahogan al manifestarse en la calle contra el Gobierno, es pura y simple retórica encubridora. En algo le doy la razón a don Eladio: el PSOE -junto a sus extraños compañeros de viaje- «es el cáncer que hay que extirpar, el objetivo a eliminar, aunque con ello se extirpe de paso la democracia misma». Porque un partido político -amparado en las fallas de nuestro sistema democrático- que sólo busca satisfacer sus intereses a cambio del menoscabo de España no merece el más mínimo respeto.
José Manuel Rodríguez Pardo es doctor en Filosofía.
