Sobrepasado el ecuador del año, el vaivén veraniego en el que se ha convertido la Bolsa en los últimos meses nos lleva a su siguiente etapa. Agosto es un mes marcado por bajos volúmenes de negocio y por una cierta fama negativa. Baste recordar la crisis rusa de 1998 que llevó a que el Ibex cediese un 21%. Ambas afirmaciones son ciertas pero con matices. Siendo la primera lógica, la segunda no se ajusta a la realidad, ya que el promedio de cierres mensuales nos ofrece un rentabilidad histórica de apenas el 0,5%, lo que desmiente, en gran medida, la imagen de mes negativo, si bien es cierto que en 10 de las 19 observaciones el indicador mostró un comportamiento positivo. En este punto, las dudas parecen asaltar de nuevo a los inversores. Aunque algunos agoreros apuntaban a una decepcionante temporada de resultados, lo cierto es que las cifras nos muestran que casi tres cuartos de las empresas, tanto en Europa como en EEUU, han publicado beneficios mejores de lo esperado. Aún con algunas compañías pendientes de dar cifras, creemos que los inversores volverán de nuevo a los datos macro como argumento que justifique la tendencia. Y es aquí donde aparecen los miedos, ya que las reuniones de la Fed y el BCE parecen traer subidas de tipos. Y es este factor el que llevará a los mercados a tomar una pausa correctora. Por tanto, creemos que existe un soporte de resultados que impedirá asistir a un cierre excesivamente negativo salvo que factores extraordinarios, como un tensionamiento geopolítico o un repunte del crudo, nos hagan dar la razón a los que piensan que agosto es un mal mes para las Bolsas.

Alberto Roldán Navarro es analista de Inverseguros.

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