El PSC e Iniciativa se han tirado los platos por la cabeza esta última semana a raíz del plan de infraestructuras que el Govern finalmente ha aprobado. La contundencia empleada por los socialistas contra sus más fieles socios de gobierno ha sorprendido, pero es sólo la punta del iceberg de lo que se avecina. A diferencia de Pasqual Maragall, que centró sus discursos en atacar a lo que él consideraba la derecha nacionalista - CiU- y la derecha españolista - PP-, Montilla tiene munición para todos, pero especialmente para Iniciativa y Esquerra. Atentos, porque va a ser una de las grandes atracciones de la campaña.
El argumento de Montilla es incontestable: quiere sumar el mayor número de diputados posible para luchar por el triunfo ante Artur Mas, aunque sea a costa de sus compañeros de viaje, con los que luego intentará reeditar el tripartito. Ante la estrategia de Maragall de no gastar energías en desgastarse entre las izquierdas, Montilla va a tratar de desnudar todas las carencias de los que son sus potenciales socios. Lo del plan de infraestructuras va en esta línea de acoso y derribo. Se trata de presentar a ICV y ERC como unos extremistas radicales que impiden con su demagogia que el país avance, bien porque no dejan que se construyan carreteras - cuarto cinturón-, bien porque impiden que llegue la energía necesaria - línea eléctrica de Bescanó-. No lo dice, pero el mensaje subliminal de Montilla es muy claro: él no es como Maragall y no va a permitir que el Govern quede paralizado. El problema de esta estrategia es que tanto ERC como ICV también pueden desviar sus baterías de misiles y, en lugar de centrarse sólo en Artur Mas, comenzar a repartir estopa - nunca mejor dicho- al ex alcalde de Cornellà.
Las encuestas pronostican una victoria de CiU pero también dejan claro que el tripartito es posible. No obstante, si la diferencia entre Mas y Montilla es muy grande, el candidato socialista tendrá más problemas que nunca para firmar el nuevo pacto del Tinell y hacer comprender a Zapatero la conveniencia de que se tiene que volver a gobernar con Esquerra.
Pero, detrás de esta batalla, existe también la influencia de un elemento más prosaico que va más allá de las sesudas estrategias electorales. Es el llamado factor humano, al que a este cronista le gusta tanto referirse. Y es que los hombres que cortan el bacalao ahora en el PSC - José Montilla y José Zaragoza- y en Iniciativa - Joan Saura, Francesc Baltasar y Jaume Bosch- proceden de la misma comarca, el Baix Llobregat, en la que llevan casi treinta años peleándose. Sólo les brindo un dato para que lo entiendan: en Molins de Rei, la lista más votada fue la de la socialista Carme Figueras, ahora consellera de Benestar i Família, y esposa de Zaragoza. Iniciativa pactó con el resto de las fuerzas y la dejó en la oposición. En la localidad más cercana, Sant Feliu de Llobregat, ganó la lista de ICV, liderada por Àngel Merino. ¿Se imaginan quién gobierna? Pues sí, el PSC lideró un pacto con CiU y ERC para dejar a ICV en la oposición.
El amor que se profesan los líderes de PSC e Iniciativa sólo es comparable al que se tienen algunos líderes deCDCy Unió, pero ésta es ya otra historia.
Campaña multimillonaria El PSC está echando el resto para proyectar ampliamente la figura de Montilla. Algunos responsables de la campaña del resto de los partidos han encontrado problemas para hallar vallas publicitarias para las próximas semanas porque el PSC ha copado casi todas, como sucede en los opis de cercanías de Renfe. La imagen de Montilla va a hacerse mucho más popular en los próximos meses.
Vuelven los dossiers A la espera de que el fiscal José María Mena aclare alguna cosa sobre la investigación del 3% - ¿se acuerdan de las portadas sobre el inicio de las pesquisas?-, estamos en condiciones de anunciar que va a haber una reñida guerra de dossiers en esta campaña en contra de CiU. En algunos departamentos de la Generalitat se ha reunido estos días suficiente munición para que la campaña no pase inadvertida.
Presiones a Laporta El PSC y dos consellers de la Generalitat intervinieron de forma activa en la decisión del Tribunal Català de l´Esport de no inhabilitar a Joan Laporta. Algún día, el presidente del Barça debería revelar las conversaciones que tuvo y las presiones recibidas esta pasada semana para favorecer determinados intereses. La propia secretaría general del Esport, dependiente del Govern, recomendó a Laporta que las elecciones debían celebrarse el próximo año.

Escribe un comentario