El Ayuntamiento aplica cientos de miles de euros para arreglar otra muralla de antaño: San Lorenzo.
Los muros de la ciudad provocan inquietud en el vecindario. En Poniente crece como un muro el esqueleto del futuro centro de talasoterapia, y a San Lorenzo van llegando las cuantiosas subvenciones del Ayuntamiento destinadas a los nuevos muros-cortina de vidrio que cubrirán las antiguas fachadas. El susto que empieza a causar Talasoponiente era estos días la comidilla de la zona de Fomento. Vecinos y paseantes observan el esqueleto del balneario, donde afloran ya los pilares de una segunda planta. Cierto es que, cuando una construcción muestra únicamente su osamenta de hormigón, el impacto resulta doblemente desagradable. Impacta el volumen e impacta la acritud del áspero cemento.
A los oídos del concejal de Urbanismo, Jesús Morales, ha llegado ya el lamento de los vecinos, y el edil ha pedido paciencia y ha manifestado que «estas cosas hay que verlas acabadas». Cierto. Pero el problema es que ya hemos visto los acabados del balneario en dibujos e infografías facilitados por las empresas constructoras, encabezadas por Serafín Abilio Martínez.
Nada engaña tanto como una infografía de un desarrollo urbanístico o de un edificio, principalmente porque la intención de sus proveedores es encantar al cliente, que en el caso de Poniente no es sólo la municipalidad y su alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, sino todo el pueblo de Gijón, pues para el balneario se ha sacrificado un triángulo de mar y costa en el mismo borde litoral. Nadie, absolutamente nadie, lograría semejante cesión, y menos ahora que existe gran revuelo al borde del Mediterráneo, cuya costa ha sido objeto de depredación bajo cualquier circunstancia, bien fuera debido al desarrollismo franquista, bien el urbanismo democrático, que más bien debería denominarse plutocrático. Pues bien, en el sur de la piel de toro ya le han puesto dinamita a algún esqueleto hotelero plantado en la misma costa, lo cual demuestra la creciente sensibilidad hacia tales intentonas edificatorias. Sensibilidad que coincide con la de muchos gijoneses escarmentados con las construcciones del muro de San Lorenzo. ¿Experimenta el Ayuntamiento el mismo escarmiento? Habrá ahora una nueva oportunidad para comprobarlo, pero el pasado ha dado muestras negativas, caso de lo acontecido con el edificio de los jardines del Náutico. Así que Morales pide calma y confianza en el acabado de la cosa, pero las citadas infografías de la Talasoponiente no nos entusiasmaron, aunque mantenemos la tesis de la escasa fiabilidad de los dibujos previos. Sin embargo, existe en este asunto una circunstancia agravante del temor, un punto de comparación consistente en aquella idea arquitectónica denominada «Salamandra», que resultó vencedora en el concurso que el Ayuntamiento convocó para darle forma a la intuición de la alcaldesa Felgueroso. Pero la «Salamandra» -que hubiera sido una verdadera escultura junto al mar- fue olvidada y apartada de esta ciudad, aunque luego la descubrimos expuesta en el Museum of Modern Art de Nueva York, entre un puñado de brillantes aportaciones españolas a la arquitectura contemporánea.
El caso es que el cuidado estético resulta doblemente comprometido en el caso del balneario de Poniente: debe ser directamente proporcional a su ubicación en el mismo borde marítimo y al volumen esperado, ya que se habla de una construcción de 20 metros sobre el espigón de Fomento.
Ahora mismo, sólo podemos cruzar los dedos y esperar.
Pero de un muro hay que saltar al otro Muro, y no por problemas directamente estéticos, sino por la lección -con lectura en Poniente- que ofrece la fachada marítima de San Lorenzo. Mejorar su apariencia está suponiendo la inyección de ingentes cantidades de dinero público en los edificios de la zona.
Unos 600.000 euros -¡cien millones de pesetas!- para la fachada de un inmueble de la calle de Manso, y 710.000 -¡casi 120 millones de pesetas!- para otro de Marqués de Urquijo. Suponemos que el Ayuntamiento habrá reflexionado lo suficiente sobre este agravio comparativo con respecto a otros ciudadanos, como sugirió en su día un prominente miembro del PSOE local.
Mientras tanto, la ciudad se estremece tras sus muros.

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