Desde La Camperona, Javier Fernández ha solicitado que los ayuntamientos gobernados por el PP retiren los símbolos franquistas que quedan en sus municipios, visibles en determinados nombres de calles y plazas. Bien puede verse en esta petición del secretario general de la FSA una alusión a los alcaldes de Oviedo y Villaviciosa.

Es extraño que veintinueve años después de las primeras elecciones democráticas todavía haya lugares públicos en nuestras ciudades identificados por nombres del franquismo. Con la excepción del escaño de Blas Piñar, en la legislatura de 1979 a 1982, no hubo en nuestra democracia diputados franquistas. Hubo candidaturas franquistas, pero se quedaron sin escaños. Decir que el PP es franquista es una estupidez, como lo es denominar al PSOE partido totalitario. A Rajoy le interesa subrayar su nula conexión con el antiguo Régimen, como al PSOE le conviene hacer todo tipo de manifestaciones de respeto a las leyes del mercado y a la propiedad privada de los medios de producción. En el ADN de la derecha y de la izquierda española hay enfermedades que no fueron trasmitidas a sus herederos por la ingeniería genética de la transición. Por eso no se entiende que en algunos lugares el nombre de las calles no esté en consonancia con los valores de la democracia. A Mariano Rajoy y a Ovidio Sánchez les conviene que determinados ayuntamientos asturianos actualicen el callejero, para que todos sepamos que el anacronismo se mantuvo hasta ahora por dejadez, no por añoranza.

Estos asuntos deben tratarse con mucha seriedad, para no caer en posturas histriónicas. El franquismo está ya muy estudiado. En contra de lo que ahora dicen algunos, entre 1975 y 1985 las librerías tuvieron los escaparates llenos de libros de historia sobre la 2ª República, la guerra civil y el franquismo. Todos leímos libros de Tuñón de Lara, Artola, Elorza, Santos Juliá, Juan Pablo Fusi, etcétera, sobre los aspectos más meritorios y los más truculentos de aquellos años. El que no se haya querido enterar es su problema. Gobernaba Felipe González cuando se cumplieron los 50 años del principio de la guerra civil y no hizo aspavientos para conmemorarlo. Seriedad, porque no somos ni serbiobosnios ni desmemoriados.