PRIMER disparate: El presidente Rodríguez Zapatero, con las chanclas calzadas para irse de vacaciones, reconoce que lo ocurrido en el aeropuerto barcelonés de El Prat es «incomprensible e inaceptable». Eso pensamos todos; que es inaceptable. Pero el presidente del Gobierno de un país no tiene que decirlo. Tiene que evitar, ya que es inaceptable, que llegue a producirse. Pero éste no. Pone cara de compungido y dice que es inaceptable. Como si no le pagáramos para que lo evitase.

Segundo disparate: El ministro Pérez Rubalcaba ha dicho que las fuerzas del orden no desalojaron a los huelguistas, estacionados en la pista, para no provocar males mayores. Que si las fuerzas cargan podría producirse una batalla campal. Lo cual es comprensible y justificable, porque aquí, que recordemos, las fuerzas del orden sólo han cargado contra marineros, agricultores, los del metal, los de la naval, estudiantes, camioneros, mariscadores, panaderos, peluqueros, albañiles, basureros, organistas y ancianitos que se oponen a ser desalojados de sus casas de toda la vida. Pero cargar, lo que se dice cargar contra el personal que Iberia, francamente, nunca lo vimos. Ni, por lo visto, lo veremos.

Tercer disparate: Fomento, es decir, la ministra de marras, está pensándose en devolver a Iberia parte de la concesión perdida. Con lo que le da la razón a los piquetistas. Lo mejor es la fuerza y ponerse burro para obtener lo que quieres.

Cuarto disparate: Una juez lleva varios días investigando si los huelguistas hicieron lo que todos vimos, si vulneraron la seguridad y provocaron retenciones ilegales a cientos de pasajeros. Una de dos. O la juez no vio los telediarios ni leyó los periódicos y, por tanto, no pudo ver los coches cruzados en las pistas y los trabajadores bailando encima de ellos, o lo que vimos todos los demás fue la segunda parte de Aterriza como puedas.