La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, presentó el pasado viernes al ministro de Economía, Pedro Solbes, en la rueda de prensa tras el último Consejo de Ministros antes de las vacaciones de agosto, con un "como es habitual viene a anunciar buenas noticias". Desde luego, la coyuntura económica española está batiendo récords y, cosa poco habitual, el ministro del ramo lleva mucho tiempo sin tener que comparecer para anunciar malas nuevas. Ni subidas de impuestos, ni planes de ajuste. Todo lo contrario, rebajas fiscales, inversiones en infraestructuras, programas sociales, excedente público... Y así lleva el país más de diez años siendo la envidia de los socios europeos.
El análisis económico habitual sugiere que esta larga década de vacas gordas se explica por el modelo vicioso que arranca en la construcción alocada, la especulación inmobiliaria y la masiva incorporación de mano de obra inmigrante y barata. Todo aderezado con una importante dosis de industria turística que últimamente no da demasiadas alegrías. Tan poco sofisticado sistema arroja, en el lado negativo, una muy baja productividad según los estándares habituales, y el mayor déficit comercial del mundo en términos relativos.
El propio Pedro Solbes ha defendido este punto de vista sobre las bases de funcionamiento de la economía española en varias ocasiones, pero no ha querido irse de vacaciones sin reforzar su mensaje optimista.
El ministro de Economía ha avanzado que el crecimiento continuará a buen ritmo durante dos años, por lo menos. Pero lo más importante es que la desaceleración de la construcción - ¿será verdad al fin?- tendrá el relevo de una importante recuperación industrial. Algo especialmente importante para la economía catalana, cuyo sector secundario sigue teniendo un peso enorme.
Es decir, que el cambio de modelo económico tan ansiado estaría ya a las puertas y sin traumas, sin estallido de la burbuja inmobiliaria ni ajuste de empleo. Fuera las visiones apocalípticas, olvidemos la idea de que después de la gran juerga vendrá la resaca. No sabemos si todo eso acabará convirtiéndose en realidad o simplemente serán buenos deseos. En cualquier caso, es de agradecer que el ministro Solbes describa tan bello panorama a las puertas de las vacaciones veraniegas. Así, ya es más fácil relajarse, tomar el sol, coger el avión o leer un buen libro debajo de un pino.

Escribe un comentario