Un club muy vital, de Jaime Arias en La Vanguardia
Próximo presidente del Barça: Joan Laporta. Nadie lo pone en duda y la inmensa mayoría espera que el 22 de agosto recupere la presidencia. Una situación paradójica, cuando no absurda, que la afición catalana vive tras una de las temporadas más redondas inscritas en el historial del club azulgrana. Pero ni hay sol sin sombra, ni triunfos sin una pizca de amargo sabor.
A manera de pretexto, a algunos opositores se les ha oído decir que el tropiezo de la directiva les debe servir de aviso, para evitar abusos de poder. Un defecto autocrático del que nadie con mando suele escapar algún día. Verdad es que el enorme entusiasmo despertado por el acceso a la final europea tuvo su contrapartida en un cuestionable reparto de entradas al estadio de Saint-Denis. Aunque son errores que tampoco disminuyen los grandes aciertos de los últimos cursos.
Tal vez el mayor mérito de Laporta haya sido amoldarse a la peculiar filosofía de Rijkaard, apoyando su estilo de director de orquesta. Entrenador excepcional, logró componer un soberbio conjunto en torno al núcleo duro de los catalanes Valdés, Pujol, Oleguer, Xavi e Iniesta. Resultado: un victorioso equipo de internacionales, curiosa unión catalano-dutsch-afro-brasileira.
Se comprende la admiración que provoca en todo el mundo, en especial el europeo e iberoamericano. Es modelo de comprensión y de sana influencia del deporte dentro de la sociedad. En el caso de la sociedad catalana, el clima de optimismo originado por una racha feliz ayudó a decrispar el ambiente, en horas muy tensas.
Con la complicidad de Rijkaard, la directiva de Laporta ha sabido ejercer ese papel convivencial. Se explica que con él sintonizara Lluís Bassat, ex máximo rival, con quien se organizó el encuentro pro paz entre israelíes y palestinos. Simbólica fórmula igualitarista, base elemental de coexistencia entre los pueblos. Asu vez, el instantáneo gesto de Bassat de no presentarse a elecciones es factor de equilibrio en contra de una convocatoria incongruente.
Recuerdo lejanos momentos del club, bastante más graves que los actuales. Poco después de nuestra dramática Guerra Civil, el Barça inició unas bienintencioinadas maniobras pacifistas. Fue con motivo del retorno del exilio y reincorporación al club de los Samitier, Escolà, Balmanya y Raich. Sirvió de primer ensayo de reconciliación. Y funcionó gracias a responsables cual Montal, padre y coetáneos, y el entrañable doctor Moragas y su equipo médico de la Mutua, que era una personificación del catalanismo deportivo.
Ahora, durante unas semanas, el mediático economista Sala i Martín se halla al timón de la reglamentaria comisión gestora. Dos de sus miembros me evocan a personajes ejemplares con los que tuve estrecha relación: Joan Molins, nieto del mítico presidente de la Penya Rhin, y Josep Ensesa IV, nieto del fundador del turismo de alta calidad y sobrino del eminente doctor Trueta. Tenaces emprendedores e incondicionales barcelonistas.
