Joan Brossa nos enseñó que una baraja en las manos hábiles de un ilusionista puede convertirse en magia poética. Pero jugar las cartas de la política tiene un límite, más allá del cual se puede bordear la falsa ilusión o el engaño.
El famoso encuentro entre Mas y Zapatero es un ejemplo de legítima habilidad política. Sin embargo, la parte de habilidad que le corresponde al líder de CDC no le autoriza a considerarse un rey Midas de la política, si no quiere quedarse solo al final de la historia, como el rey. Pongamos tres ejemplos. El primero es la petulancia del señor Mas de autoproclamarse la autoridad nacional que otorga los certificados de catalanismo, sin decir cómo se mide algo que es de todos los catalanes y que algunos autentificaron, pese a su árbol genealógico, en unos tiempos difíciles que el señor Mas por fortuna no ha conocido. El segundo es su pretensión de sustituir el sistema parlamentario por un presidencialismo cuya estabilidad olvida, tal vez para obviar su soledad a la hora de buscar aliados. El tercero es su desafío a un debate cara a cara con el candidato socialista, hecho que, pese a su legitimidad formal, supone un desprecio hacia los demás partidos, que serán imprescindibles después del 1 de noviembre. Es cierto que el futuro Gobierno se hará alrededor de CDC o alrededor del PSC, pero para ser centro de gravedad hay que contar con todo el sistema planetario. Un cara a cara entre los dos candidatos puede resultar un buen espectáculo de ilusionismo político, pero de poco servirá que comparen sus proyectos de despliegue del Estatut, de financiación, de políticas sociales y medioambientales, de política energética e infraestructuras, de solidaridad con el resto de España o de implicación en la construcción europea si no nos dicen con qué fuerzas cuentan. La presencia de todos los partidos permitiría valorar la realidad de las promesas electorales de los dos líderes.
Joan Brossa nos mostró que la magia con una baraja de cartas puede convertirse en poesía, pero no olvidemos que cuando se acercó con cautela a la política creó, junto con Tàpies, una magnífica obra que sabiamente titularon U no és ningú.
ANTONI Gutiérrez Díaz. Exvicepresidente del Europarlamento.

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