Doña Letizia dice que no tiene problemas de alimentación. Doña Letizia dice que es de constitución delgada, como sus hermanas. Doña Letizia dice que no entiende por qué se duda de que le guste Mallorca. Doña Letizia dice que ¡cómo no le va a gustar navegar! Doña Letizia dice que se lleva bien con sus cuñadas. Doña Letizia dice que ya sabe que su hija es muy guapa cuando algún ciudadano le cumplimenta alabando a la infantita Leonor. Doña Letizia dice y dice, como si fuera el oráculo de Delfos, donde era imposible el error, y si ocurría se trataba de un fallo en la interpretación de lo dicho y no del oráculo en sí. Con sus cosas los equivocados son los demás y no la opacidad absoluta ante algunos rumores que crecen y crecen, y al final hay que filtrar la información inicial para que la ola no se convierta en tsunami. Es lo que sucedió cuando la pareja real llevó a la infantita con apenas un mes a un centro comercial para que el fotógrafo de corte dejara constancia de que a la niña no la pasaba nada. ¿No hubiera sido más natural que la prensa que cubre habitualmente la información de Zarzuela tuviera acceso a un posado en la propia Casa de Asturias?

Y con el asunto de la alimentación tres cuartos de lo mismo. Nunca ha sido una mujer del tipo Scarlett Johansson, pero antes, cuando era la presentadora Ortiz, sí tenía el rostro y el cuerpo más redondo. Hasta la revista ¡Hola! preguntaba a sus internautas “¿Por qué está tan delgada la princesa de Asturias?”

Al decir fuentes interesadas que come más que un pavo en Navidad, peor lo ponen. Si se alimenta como Paquirrín y después la delgadez es llamativa, algo pasa. Mejor sería explicar que los nervios y el estrés hacen que unas personas engorden y que otras adelgacen, como podría ser el caso de doña Letizia. Respecto al asunto Palma, quienes huyeron sin dar explicaciones la temporada pasada y la anterior fueron los propios Príncipes.

El verano mallorquín de la ‘primera familia’ supone un presupuesto económico importante y un despliegue de seguridad más importante aún. ¿Es de recibo que unas semanas antes los periodistas nos enterásemos extraoficialmente de que el Príncipe no participaría en esa edición de la Copa del Rey? ¿No habría resultado más fácil un comunicado y así evitar bulos y maledicencias que colocaban a la Princesa como causante de esa decisión? Y lo mismo con la relación familiar. ¿Que las hermanas se van a esquiar?, pues ellos a Lanzarote. ¿Que viajan a Lanzarote?, pues ellos a Palma. No hay que olvidar que la infanta Cristina siempre estuvo más cerca de su hermano Felipe que de la infanta Elena. ¿Por qué ahora esas distancias? ¿Para cuándo una rueda de prensa? Sería más cómodo y más cercano. Resultan sorprendentes tantas filtraciones de la Princesa, cuando ningún miembro de la ‘primera familia’ lo había hecho hasta ahora. ¿Por qué será?

Por cierto, y a diferencia de otros veranos en los que hubo estampida general, parece que este año el Rey ha dicho: “Todos a Mallorca”. Mientras el heredero y su esposa prefieren ir de matrimonio normal, don Juan Carlos sí distingue lo importante que son los gestos. El contenido real envuelto en papel de celofán, grandes lazos y, a ser posible, mucha purpurina siempre resulta sugerente y pueden ser un buen activo para los malos tiempos.

Las monarquías europeas lo saben y de ahí que este verano todos los herederos se dejen fotografiar en actitudes familiares y distendidas con niños y perros. La revista francesa Point de Vue, que sólo se surte de informaciones relativas a la realeza, explicaba en su último número el ‘efecto Letizia’ con un gran despliegue de fotos y encuestas para llegar a la conclusión que si la princesa no tenía su propia agenda era para que no hubiera posibilidad de eclipsar a su marido, que es lo que le ocurrió a Lady Di, una tesis un tanto primaria si tenemos en cuenta el espléndido papel desempeñado por la reina Sofía. Independiente y siempre como consorte.

La realidad podría ser otra. Al menos al principio, doña Letizia nunca iba sola por la sencilla razón de que adecuarse al protocolo y formar parte de la familia real supone un proceso inversamente proporcional al que llevaría cualquier persona en un escalafón profesional. Ella debía contenerse y no lo hacía cuando por ejemplo, pedía explicaciones a quienes dábamos informaciones que consideraba incorrectas. Pero por otro lado, al ser periodista y tener en ese sentido mucho más recorrido que su marido sus preguntas resultan más interesantes y así lo confirman muchos de los anfitriones oficiales de la pareja. Parece que la Princesa ha aprendido bien la lección, porque ahora siempre espera a que el heredero le dé paso. ¿Será verdad que existe el ‘efecto Letizia?’

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