TECLEE usted la frase «estamos hartos de los políticos» en la búsqueda avanzada de Google y encontrará 56 textos publicados en periódicos digitales escritos en castellano. Escriba «hartos de políticos» y se topará con 84. Pruebe con «hartos de los políticos» y hallará 119. Para comprobar que el hartazgo no afecta sólo a los hispanohablantes haga el mismo experimento en francés, inglés, alemán e italiano: encontrará, en total, más de 2.700 textos. Si no quiere tomarse la molestia, aquí le transcribo algunos hallazgos: «Estamos hartos de políticos cobardes que se aferran con uñas y dientes a sus asientos, coches oficiales, salarios y dietas millonarias». «Estamos hartos de los políticos, de sus majaderías, de sus salidas de tono». «Estamos hartos de que hagan sus arreglos bajo la mesa». «Hartos de los políticos a los que se les va la lengua frente a las cámaras». «Hartos de los políticos que se pasan el día insultándose». «Hartos de políticos mediocres». «Hartos de políticos mentirosos». «Hartos de los políticos y sus pugnas y egoísmos». «Hartos de políticos que hablan y no paran de mentir». «Hartos de políticos buenas personas». «Hartos de políticos que sólo descalifican y acusan cínicamente a los demás de hacer lo que ellos mismos han hecho». «Hartos de políticos inmorales». «Hartos de políticos tradicionales». «Hartos de políticos oportunistas». «Hartos de políticos creadores de problemas». «Hartos de políticos de izquierdas y de derechas y mucho más de los de centro». «Hartos de políticos y de politiquillos que se hacen llamar ecologistas». «Tan hartos de los políticos que ya no nos importa quién gobierne».

Compruebe usted que es verdad lo que está escrito más arriba y luego lea el resultado de la última encuesta del CIS, sobre la valoración que los españoles dan a sus políticos, que puede leer hoy mismo en este periódico. Todos han obtenido un suspenso, salvo la vicepresidenta Fernández de la Vega. Mañana intentaremos averiguar por qué.