Hace unos días se me atragantó la ensaimada matutina con el notición de que Dodi Al Fayed tenía «el miembro» -ponía- fuera de su lugar en el momento del accidente. O sea, que llevaba la bragueta abierta y el hermanito pequeño del presunto amante de la princesa más fotografiada de la historia del papel couché teñido de rosa estaba ahí, también rosa, al aire, inerte, inmóvil, a la espera de quién sabe qué. O sí se sabe. Porque acto seguido imaginé a Diana, más llamada lady que princesa, gozando de uno de los más reconocidos placeres del sexo.
Para imaginárselo, claro está, hay que haber ejercitado eso o algo parecido dentro de un coche, y el que pueda que tire la primera piedra. Y el que no pueda tirarla, peor para él o ella.Tenía yo 18 años, el carné de conducir calentito aún en el bolso, un Seat-600 de color blanco y un simulacro de novio que veraneaba en Arenys de Mar, que es donde sucedió esta historia. Desde la nacional se accedía al puerto por un desvío con una curva al inicio, y en la curva había un recodo en el que cabía exactamente un Seat-600. La valla protectora era de hormigón, y al otro lado el desnivel era de unos seis metros de altura sobre el mar.

Pocos teníamos coche en aquella época, y yo era de las privilegiadas porque tenerlo era sinónimo de independencia, y con 100 pesetas ponías 10 litros de gasolina normal. Mi simulacro y yo cenamos en una pizzería y después de una sesión de bailes agarraos en una disco de Caldetes, la curva del puerto de Arenys era la parada más buscada del Maresme de los 70. Pasó que de vuelta a casa la curva estaba libre y me pidió que detuviera allí el coche.Era emocionante: mi primera vez en la curva del puerto de la que todo el mundo hablaba y ¡¡¡toda para mí!!!

Aquella noche dentro del coche yo me agaché, él se agachó, los cristales se llenaron de vaho, las campanas redoblaron sin cesar, el muelle del freno de mano se rompió y uno de los redobles se convirtió en un golpe seco. Ninguno de los dos nos dimos cuenta de que el destino tenía sus propios planes y el coche avanzaba lentamente hacia la valla de hormigón. El impacto fue brutal, pero el mismo destino y esa suerte que me acompaña allá donde voy impidieron que la pared se rompiera y saltáramos al vacío.Tuvimos que llevar collarín todo agosto, y quien conoce la zona sabrá que la grieta en la pared se mantuvo durante cinco veranos.El verano siguiente al incidente estampé mi firma junto a la grieta y allí quedó.

Quizás Dodi y Diana lean esto y sonrían porque, en definitiva, que les quiten lo bailao, que las princesas también saben de sexo y felaciones. Aunque no hagan caso, que en los accidentes siempre hay desprendimientos extraños.

anna.alos@yahoo.es

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