Existen los "daños colaterales" y también los "beneficios colaterales". A los gigantes de la energía no les viene nada mal que el precio del crudo haya superado los setenta dólares del barril como consecuencia en buena medida de los conflictos en Oriente Medio, hasta el punto de que British Petroleum acaba de anunciar beneficios de 7.270 millones de dólares en el segundo trimestre del año (5.712 millones de euros al cambio actual), que equivalen a 55.000 dólares (43.223 millones) por minuto.
Se trata de una cifra trimestral récord para la petrolera con sede en Londres, pero en vista del contexto internacional - las guerras de Iraq y Líbano, inestabilidad en la región...- incluso han resultado "decepcionantes" para algunos analistas que esperaban más todavía. Y no han impedido que John Browne, el principal ejecutivo de la compañía que mantenía un pulso con el presidente del consejo de administración, Peter Sutherland, anunciara su partida dentro de dos años, cuando cumpla la edad de jubilación.
Como en una contrarreloj ciclista, BP ha sido la primera en cruzar la meta con los resultados del segundo trimestre y esa marca nada despreciable de 7.270 millones de dólares. Los inversores y analistas de la City, Wall Street y demás mercados esperan ahora ansiosos las cifras que en los próximos días suministrarán Conoco-Phillips (se esperan beneficios en torno a los 4.5 millardos de dólares), Chevron (el cálculo es de unos 4.9 millardos) y Exxon-Mobil, que ayer anunció un aumento del 35% de sus beneficios hasta 10.000 millones de dólares (787 millones de euros al cambio).
Los números son tan gigantescos que el ala izquierda del partido demócrata de los Estados Unidos ha reanudado sus demandas para un impuesto especial que redistribuya parte del dinero que ganan los grandes conglomerados de la energía (entre los beneficiarios se encuentra la familia Bush, conectada con el petróleo de Tejas, y el vicepresidente norteamericano Dick Cheney, cuyas relaciones con la empresa Halliburton han sido ampliamente documentadas). Las ganancias conjuntas de las seis mayores multinacionales del sector en el segundo trimestre del 2006 se calcula que superarán los 36.000 millones de dólares (28.000 millones).
Ya se sabe que la economía no tiene corazón y que las desgracias de unos - ya sea en la guerra o en la batalla de los números- son fuente de ingresos para otros. Exxon Mobil, por ejemplo, lleva ya tiempo con récords de ganancias en virtud de la subida de los precios del petróleo, y en el último trimestre del 2005 ganó 10.700 millones de dólares, plusmarca vigente para una empresa norteamericana en tan sólo tres meses (8.400 millones de euros al cambio actual). El año pasado el crudo subió un 40%, y desde entonces lo ha hecho aún más (de poco más de 60 dólares el barril en Navidad a más de 70).
A pesar de ello, no se espera que Exxon Mobil bata su récord cuando presente su próxima tanda de resultados debido al aumento de los costes de la extracción y el miedo a la destrucción que siembren los huracanes en los próximos meses, aunque se tratará de una cifra generosa en torno a los 9.920 millones de dólares (7.800 millones de euros). "La clave está en cómo la multinacional decide invertir sus beneficios - señala Steve Enger, analista del banco de inversiones Petrie Parkman and Co. Tienen tan mal acostumbrados a sus accionistas con la distribución de dividendos que dedicar una parte importante de las ganancias a exploración o producción pondría a muchos inversores nerviosos. Las empresas no pueden ignorar la preocupación de los consumidores por el creciente coste de la energía, lo cual las obliga a aumentar la producción, no necesariamente buscando y abriendo nuevos pozos sino comprando petroleras más pequeñas".
BP, el segundo mayor grupo energético del mundo (con un cash flow de 9.100 millones de dólares, 7.150 millones de euros; los datos que figuran en el cuadro recogen los resultados del 2005, últimos disponibles), ha anunciado que invertirá 1.000 millones de dólares además de los 6.000 millones que ya ha gastado en los últimos cuatro años para reemplazar y mejorar oleoductos en Alaska y las condiciones de seguridad en sus refinerías norteamericanas, escenario de graves accidentes que le han costado mucho dinero, problemas e imagen (una explosión en Texas mató a quince personas). El 40% de los beneficios de la multinacional con sede en Londres provienen de EE. UU. y accionistas y analistas han mostrado su preocupación porque su producción bajase de 4,1 a 4,01 millones de barriles diarios en el segundo trimestre, debido a los daños provocados por los huracanes en Golfo de México.
"Los resultados son buenos, pero los accidentes en las refinerías y las fugas de petróleo en los oleoductos de Alaska podrían llevar a que algunos inversores concluyan que BP ha sacrificado por lo menos parcialmente inversiones en infraestructura por el beneficio a corto plazo", opina Keith Bowman, analista de Hargreaves Lansdown Stockbrokers. El anuncio de las cifras de BP quedó sin embargo en un segundo plano en medio del pulso que obligó a su principal ejecutivo, Lord Browne, a anunciar su marcha en el otoño del 2008, renunciando a cualquier intento de postergar su jubilación efectiva al frente de la multinacional petrolera.
Lord Browne, hijo de un oficial del ejército británico y de una superviviente de Auschwitz, entró en BP como aprendiz en 1966 y ascendió hasta llegar a principal ejecutivo en 1995. Desde entonces ha transformado a British Petroleum de una compañía mediana controlada por el Estado en uno de los seis grandes del sector, con una serie de adquisiciones (Amoco, Castrol, Arco y la rusa TNK), poniendo énfasis en la diversidad y la ética e invirtiendo en fuentes renovables. Una de sus decisiones más controvertidas ha sido la compra de un pedazo de la petrolera rusa Rosneft por 1.000 millones de dólares (786 millones de euros). Su sueldo anual de 5.7 millones de libras (8,34 millones de euros) lo convierten en uno de los ejecutivos mejor pagados del país, y le permiten financiarse sus distinguidas aficiones al arte, a las antigüedades y a los buenos puros.

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