El 15 de junio de 1977 --tras tres meses de ejercer como notario en Barcelona-- se celebraron las primeras elecciones democráticas. La experiencia republicana --aún viva en mis colegas más antiguos-- había sido pródiga en la utilización del acta notarial como instrumento para fijar las irregularidades electorales, a efectos de ulteriores impugnaciones. Por esta razón, el entonces decano --Josep-Maria Puig Salellas-- adscribió un grupo de notarios a cada partido político: a mí me tocó Alianza Popular. Y aquella jornada calurosa, mientras esperaba ser requerido --lo fui media docena de veces--, comenté con un compañero un tema que me apasionaba: ¿quién llenará el vacío dejado por la CNT? Pensaba que, durante la Segunda República, las masas obreras seguían en Catalunya los dictados de la organización anarquista, de modo que, cuando esta decidía que había que votar, ganaba la izquierda, mientras que, cuando la CNT ordenaba abstenerse, ganaba la derecha; pero en 1977, desvanecida la sindical anarquista, ¿qué partido ocuparía su lugar? Visto el tema con perspectiva, la respuesta es clara: el PSC. Pero, entonces, nadie lo sabía.

No obstante, 30 años después, parece ser que mi análisis era errado, pues se sostiene ahora que no es cierto que la abstención obrera fuese fruto de las campañas anarquistas, sino consecuencia del juego de otros factores. Este es uno de los temas que estudia el Atles electoral de la Segona República a Catalunya, obra reciente de Mercedes Vilanova, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona y adelantada en la aplicación de la estadística y en la utilización de fuentes orales paras el análisis del comportamiento político. Desde esta doble perspectiva y enfrentándose a la tesis que sustenta la influencia decisiva de la abstención libertaria, formula en su obra varias afirmaciones innovadoras.

EN PRIMER lugar, sostiene "la estabilidad del voto y de la participación durante todo el periodo republicano", y añade que "fue la burguesía y no la CNT la que promovió la abstención, (...) porque los industriales, a partir de su control de los lugares de trabajo, intentaban forzar la abstención". La razón es obvia: "La oferta laboral había atraído a miles de inmigrantes, de modo que la industrialización instaló a una mayoría obrera que representaba un 70% del electorado barcelonés. En estas condiciones de desigualdad nu- mérica, era lógico que la Lliga propiciara la abstención y que la pequeña burguesía que lideraba Esquerra no quisiera promover un partido de clase que le hubiera sido adverso". Tan era así, que Mercedes Vilanova no duda en afirmar que, tras la derrota conservadora en las elecciones del Frente Popular de 1936, "la clase dominante creyó que las urnas le serían adversas siempre y apostó por dejar de lado la democracia para iniciar una lucha de clases que se transformó en una guerra civil".

Esta firmeza de la autora se funda en las entrevistas con las que culminó su trabajo estadístico. Una de ellas fue con Pilar Llamazares, miembro de la CNT, quien --pese a pertenecer a este sindicato-- votó siempre. Estas son sus razones: "Si uno no iba a votar le apreciaban más que a otro que fuera a votar (...). Usted ya sabe que a la gente de dinero, según qué gente, no le gusta que los trabajadores sean rebeldes"; y es que "no votar favorecía a los amos". La conclusión de Mercedes Vilanova es clara: "En el decurso del análisis nos dimos cuenta de que el abstencionismo ideológico o político, de raíz libertaria, tan solo fue vivido conscientemente por una minoría y no guardaba relación con el resultado de los escrutinios. (...) Los obreros no siguieron consignas ciegamente ni decidieron a la ligera si votar o abstenerse; su compromiso electoral fue vivido con tal intensidad que permite predecir su nivel de militancia durante la guerra civil y el grado de represión franquista que hubieron de sufrir a partir de 1939".

Otra conclusión del trabajo es que "resulta incontrovertible que durante la República las mujeres tendieron a participar algo menos que los hombres", pese a lo cual "a través de datos cuantitativos o de las fuentes orales es fácil demostrar que las mujeres participaron mayoritariamente (...), en el mismo sentido que los hombres". La tasa de abstención femenina, superior en 10 puntos a la masculina, no significaba mayor apoliticismo: eran mujeres abrumadas por el trabajo a destajo en la fábrica y en casa, marginadas de la información y de la cultura y sin acceso a los mecanismos de decisión política. De ahí que el cambio cultural y social que anunciaba la Segunda República fuera visto por muchas mujeres como uno de sus mayores logros.

Y una constatación final: la de que las tasas de abstención fueron en alguna ocasión --como en las elecciones al Parlamento catalán de 1932-- inferiores a las actuales, lo que demuestra la intensidad política del periodo republicano, cuando las mayorías analfabetas o semialfabetizadas votaban, como decían, "para perder menos".

HOY,LAS circunstancias de todo tipo han cambiado para bien. Pero, en el ámbito electoral, subsiste incólume un viejo problema: la derecha vota siempre, es la izquierda la que a veces se abstiene. Y, cuando lo hace, regala el poder als del porró --que decía Ernest Lluch--, es decir, a los que desde siempre se van pasando el porrón de mano en mano. Porque, incluso debajo de las palabras más sagradas, lo que subyace es una desnuda cuestión de poder.

JUAN-JOSÉ López Burniol. Notario.