Pedro Arriola se confiesa al oído de Javier Moreno, nuevo director de `El País´, de la Redacción en El Confidencial
Tampoco es que el gurú electoral de José María Aznar, ahora también de Mariano Rajoy, haya elegido un sitio discreto para confesarse con el nuevo director del diario El País, Javier Moreno, lo cual implica una seria contravención de uno de los principios esenciales del sacramento, cual es la privacidad, el secreto del confesionario, el boca-oreja alejado de oídos y miradas indiscretas.
El caso es que anteayer martes, Pedro Arriola, una de las bestias negras del ala más dura del Partido Popular, que lo hacen responsable de algunos de los desastres electorales más notorios del partido en los últimos tiempos, desde la derrota de Aznar en 1993 (recuerden el famoso debate de Telecinco con Felipe González) hasta la de Mariano Rajoy en marzo de 2004 (don Pedro desaconsejó los cara a cara televisivos con Zapatero), almorzó con Javier Moreno en el restaurante Goizeko Wellington de Madrid. Moreno es el nuevo machaca que Juan Luis Cebrián ha situado al frente de El País para escándalo de toda una espléndida generación de periodistas del diario de Polanco, a los que Moreno ha venido a cortar la cabeza de un solo tajo.
Quienes el martes hacían su entrada en el conocido templo gastronómico –uno de los preferidos por el mundo del dinero- que dirige el palentino Jesús Santos en la calle Velázquez de Madrid, se quedaban atónitos al toparse casi de frente, aunque una planta más arriba, en la pecera de cristal del Goizeko, a Arriola hablando por los codos con alguien que quedaba fuera del alcance visual de los recién llegados.
Desde su mesa en la planta baja no le quitaba ojo Beto Salazar-Simpson, preclaro representante de esa clase de empresario madrileño magníficamente relacionado y presente en consejos de administración varios, tratando de adivinar quién sería el castigado interlocutor de un Arriola que parlaba sin parar, empeñado en explicarle a Moreno las miserias de un PP que aún no ha superado el síndrome del derrotado y que sólo gracias a su talento logra salvarse del desastre. ¿Hasta dónde llegó Arriola en sus confidencias al director de El País?
Al final, Salazar-Simpson se enteró de lo que se quería enterar y vio, además, en la mesa contigua a la de Arriola, casi espalda contra espalda, a Antonio Viana Baptista, ex presidente de Telefónica Móviles y el portugués que más poder ha gozado nunca en España y alrededores, tras haber sido ayer nombrado responsable de la telefonía fija y móvil de Telefónica España, lo que sigue siendo el hard core del negocio de la operadora.
El caso es que, cuando quedaban menos de 24 horas para el Consejo de Telefónica de ayer, donde Alierta anunció los cambios, Viana no sabía todavía qué suerte iba a correr, cuál iba a ser su futuro, hasta el punto de que, en los mentideros periodísticos madrileños, su nombre sonaba como el gran derrotado de la movida juliana que don César suele pergeñar todos los años por estas fechas. ¿Lo sabía Pedro Arriola, uno más entre los muchos que siguen en el payroll de Telefónica desde los tiempos de Juan Villalonga?
