Pues sí, después de tanto criticar yo el caótico alud televisivo, con su reiterada coñita y dando las películas que han pasado cien veces, con la tabarra política - sobre todo en la manipulada televisión pública-, con sus programas basura y con el mareo del fútbol y de las motos, un servidor se ha pasado varios días a menudo con el mando de la cosa en la mano y yendo de la ceca a la meca hasta que aparecía en pantalla, en Tele 5 por lo común, el mostachudo patán sainetero de Julián Muñoz.

Y ahí me quedaba pasmado por muchas razones, que se resumen en una: el tipo luciendo la engreída obesidad populachera de quien lleva la cartera repleta de euros me ha parecido con su entorno de individuos y circunstancias uno de los turbios testimonios más válidos directa o indirectamente de la España actual, quiero decir la consagrada por ahí a diversos niveles, con sus topicazos públicos, sus grotescas vanidades hasta machistas, su ausencia de raciocinio y de valores, la trampa siempre a punto y visible, sin pudor, pues no hace falta gracias al triunfo del dinero a pelo y del multiplicado famoseo, del abuso político suelto a sus anchas. Un viejo cuadro de sobadas referencias teatraleras y chulapas, potenciado hasta el delirio por la prodigiosa cucaña de la construcción, que convierte árboles, tierra, cielo, mar, en auténticos sacos de dinero, a veces con la eficaz ayuda de sabrosos sobornos. O sea que hemos alcanzado el sueño de la alquimia medieval de hallar la piedra filosofal que debía transmutar cualquier materia o metal en oro. Y esto en la España del siglo XXI, donde se pregona sin trabas que Muñoz ha levantado en Marbella cinco mil millones de las veteranas pesetas, además de erigirse en celebrado personaje público, al principio acaso envidiado, mientras continuaba tan campante exhibiéndose por ahí.

Incluso cuando se le detiene, su ex o legítima esposa y varios periodistas, mientras le denuncian a gritos los fraudes y demás delitos que se le suponen, confiesan que lo que más les impresiona y hasta les duele es ver a Muñoz cabizbajo y derrotado, esposado, él que era la pura encarnación de la arrogancia. Un universo y una educación emocionales y de pandereta que culminan con la llorosa Pantoja luciendo por peteneras su amor y sus desgracias. Son todos ellos para nosotros tan españoles los héroes del pueblo vencidos por el destino aciago que se ceba injustamente en los humildes y esforzados. Y conste que soy un devoto del morbo bolero que emana de esta bella andaluza felizmente pechugona y temblequeante. Y es que prendidos del espectáculo, al fin todos memos, yo el primero.