La batalla por el sur de Líbano reviste proporciones épicas, impresionantes; es innegable que en los altos de Qiam los israelíes parecen pasar sus apuros. Sus F-16 giran y giran en torno al refulgente disco solar - insectos de alas plateadas cuyos sibilantes susurros se intensifican cuando vuelan en picado- mientras sus bombas estallan sobre la misma vieja cárcel donde Hezbollah todavía resiste… Sin embargo, más allá de la frontera, puedo divisar las llamas que se alzan furiosas hacia el cielo tras las laderas israelíes en tanto humea el asentamiento judío de Metulla.
Lo cierto es que todo esto no estaba en el programa, a los trece días de ataque israelí en suelo libanés. Los katiuskas siguen cayendo a pares sobre Qiam mientras sus estelas de vapor se ven acompañadas de golpes sordos que atruenan las estribaciones y localidades fronterizas israelíes. ¿Obedecen las bombas israelíes que siguen cayendo sobre gente inocente a la frustración o la venganza israelí? Ayer a temprana hora me despertó el tremendo estruendo de una explosión que hizo temblar los cristales de la ventana y los árboles del exterior: un fogonazo acompañado de destellos inundó de resplandor el firmamento hacia el oeste, sobre Nabatea. En el mismo instante se habían apagado las vidas de toda una familia compuesta de siete miembros.
Me pregunto, también - mientras constanto que la cuestión obsesiona indudablemente a las organizaciones de ayuda humanitaria que trabajan en Líbano- la razón por la que las fuerzas israelíes han bombardeado dos ambulancias en Qana y han matado a dos heridos trasladados en su interior, además de herir a un tercer civil por segunda vez en la misma jornada. Todo el personal de las ambulancias ha resultado herido - uno de ellos por una esquirla de metralla en la nuca-, aunque el motivo principal de preocupación para la Cruz Roja libanesa estriba claramente en la circunstancia de que los misiles israelíes han perforado nítidamente el techo pintado de rojo de cada uno de los vehículos. ¿Es que los pilotos los toman por dianas?
El bombardeo de Qiam ha ocasionado el incendio de la maleza en varios puntos de la ladera de Qlaya, cuyos habitantes, cristianos maronitas, observan la situación desde la elevada carretera como si de la estampa de una batalla del siglo XIX se tratara. Qiam es - o era- una hermosa aldea de puertas de piedra canteada y ventanas de tracería, pero el objetivo israelí es la tristemente célebre cárcel entre cuyos muros - antes de su retirada de Líbano en el año 2000- cientos de miembros de Hezbollah y en algunos casos sus familias eran detenidos y torturados con electricidad por las proisraelíes milicias de las Fuerzas Armadas del Sur de Líbano.
Se trata del mismo complejo carcelario - convertido en un Museo de la Tortura por Hezbollah tras la retirada israelí- que visitó poco antes de morir el intelectual palestino y profesor de litetarura comparada de la Universidad de Columbia Edward Said. Mayor importancia reviste, sin embargo, el hecho de que una gran mayoría de los hombres de Hezbollah encarcelados aquí en un principio fueron confinados en celdas excavadas a notable profundidad bajo el fuerte de la época del mandato británico. Estos mismos hombres combaten ahora contra los isrealíes, protegiéndose casi con plena seguridad de su fuego graneado en las mismas celdas bajo tierra donde en su día se pudrían, tal vez en compañía de sus propios misiles.
En Marjayun, cerca de Qlaya - cuartel en su momento de las citadas milicias-, el ejército libanés trata desesperadamente de dar con los miembros de las guerrillas de Hezbollah, que utilizan las calles del barrio griego católico para seguir disparando misiles contra Israel. Patrullas militares compuestas de siete miembros cada una recorren de noche los estrechos y sombríos pasajes que jalonan ambas localidades, no sea que la presencia de Hezbollah atraiga aún más bombas sobre nuestras cabezas... En tiempo de guerra, todos los sentidos están alerta. El alba, los pájaros y las flores adquieren un nuevo significado. Una familia sigue viviendo en la pequeña casa con jardín enfrente de mi casa. Observo a una mujer en el crepúsculo mientras recoge hortalizas de su huerto para preparar la cena; no presta atención alguna al aullido de la aviación israelí sobre su cabeza ni a los siniestros cambios de presión del aire procedentes de sus bombas.
Mientras, cabe observar desde las altas colinas, con cierta sonrisa y regocijo - mezclado con espanto y horror-, el disparatado y presuroso desfile de representaciones occidentales por Beirut y escuchar las explicaciones de la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, referentes a sus planes de reconfiguración de Líbano: se trata, con toda claridad, de una lección de humano autoengaño.
Según los corresponsales estadounidenses que le acompañan durante su visita a Oriente Medio, Rice propone la intervención de una fuerza liderada por la OTAN desplegada a lo largo de la frontera israelí por un periodo de 60 a 90 días para garantizar un alto el fuego; a continuación, se desplegaría asimismo una fuerza ampliada bajo mando de la OTAN en el territorio de Líbano para garantizar el desarme de Hezbollah, seguido de un periodo de reentrenamiento del ejército libanés antes de que, a su vez, se despliegue a lo largo de la frontera. Este plan - que como todas las propuestas norteamericanas sobre Líbano coincide exactamente con las exigencias israelíes- abriga en su interior el mismo grado de vana y engañosa presunción de que hizo gala la semana pasada el cónsul general de Israel en Nueva York al señalar lo mucho que valoran los libaneses lo que está haciendo Israel.
¿Cree realmente la señora Rice que Hezbollah tiene la voluntad de desarmarse, aun en los términos y condiciones de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? ¿Y a cargo de la OTAN? ¿No fue la fuerza de la OTAN en Beirut la que huyó de Líbano después de que un grupo próximo a Hezbollah bombardeara una base de marines estadounidenses en el aeropuerto de Beirut en 1983 y matara a 241 hombres y a una docena de soldados franceses pocos segundos después? ¿Piensa alguien seriamente que las fuerzas chiíes no querrán hacer lo propio contra cualquier fuerza de intervención de la OTAN? Las milicias de Hezbollah han estado aguardando y entrenándose, soñando de hecho con esta guerra durante años, por más que sus acciones ya nos hayan dado muestra hasta ahora de su implacable acción. No entregarán el territorio que liberaron de las fuerzas armadas israelíes en una guerra de guerrillas de 18 años de duración, ¡y menos a la OTAN a solicitud de Israel!
El problema, indudablemente, estriba en que Estados Unidos ha tomado este baño de sangre como una ocasión en lugar de una tragedia: una oportunidad para humillar a los seguidores y partidarios de Hezbollah en Teherán y contribuir a configurar el nuevo Oriente Medio sobre el que la señora Rice se expresó ayer en términos tan suaves e imperturbables... De hecho, de todo ello resultará más bien un intento sirio de humillar a Israel y a Estados Unidos en Líbano.
Naturalmente, las acciones de Hezbollah han sido desastrosas para la causa y el rumbo de sus correligionarios. Desde el valle de la Beqaa hasta el sur de Líbano, las carreteras que hube de recorrer para llegar a Qlaya estaban prácticamente desiertas, los únicos vehículos los llevaban conductores temerosos e iban atestados de familias enteras, que agitaban al viento trozos de tela blanca por las ventanillas con la vana esperanza de que les sirviera de protección tras todos los ataques de la fuerza aérea israelí sobre civiles.
El único ser civil que encontré recorriendo estas temibles carreteras fue un pastor con su rebaño de cabras que sorteaba los cráteres abiertos por las bombas. Al hablar con él, pude comprobar que era casi sordo y no podía oír el estruendo de las explosiones. En esto, por lo que parece, tenía mucho en común con Condoleezza Rice.

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