Rodríguez Zapatero rompió ayer el silencio de los últimos días sobre los tratos del Gobierno con ETA para elogiar la importancia del silencio de los últimos días sobre los tratos con ETA. Puedo decirlo de otro modo. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, convocó ayer a los periodistas en un bar de León para glosar la importancia de no decirles nada. Sobre el diálogo con ETA, se entiende, que fue el asunto estrella, como se desprende de las crónicas publicadas hoy.
No busquen ustedes la causa del absurdo encabezamiento de este comentario en una dilatación de meninges, por el calor. Las del periodista, claro. En todo caso serían las de Zapatero, por hacer un solemne elogio del silencio sin parar de hablar. Como Harpo Marx, que tenía insomnio y se lo quería quitar durmiendo. Por no mencionar los primeros síntomas de la ira contra el mensajero, que ayer aparecieron en el entrecejo del presidente. Lo contamos hoy en nuestro habitual Confidente (no se lo pierdan).
Sin renunciar al don de la locuacidad, explicó Rodríguez Zapatero de muy diversas maneras lo beneficioso que sería para el ‘proceso de paz’ -él lo sigue llamando así- la prolongación de este tiempo de silencio en torno al diálogo con ETA. "Sería una señal de que todo va bien". "Todo va bien", como dice Rajoy que le dice el presidente cuando ambos reconocen un contacto telefónico sobre el asunto.
Pero la curiosidad es el oficio del periodista: ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿quiénes? Y en todas las respuestas impuso Zapatero la ley del silencio. Hasta septiembre. A finales de ese mes se informará a los partidos políticos de la marcha del proceso. Y hasta entonces, mejor cerrar la boca. Se entiende la discreción propuesta por Zapatero como norma en asunto tan delicado. Y se aplaude. ¿A qué viene, entonces, hacerse el encontradizo con los informadores -el encuentro informal estaba previsto desde hace una semana- y reavivar innecesariamente el asunto en los medios de comunicación?
Y entre col y col, una liebre: "Dentro de un año habrá momentos transcendentales", dijo, "y espero que eso sirva para que el PP se acabe sumando". Todos a correr tras ella, como cuando dijo que antes de iniciar las conversaciones con ETA reuniría el Pacto Antiterrorista y pediría el aval al Parlamento. Si esta liebre va a acabar igual, como esas y otras que Zapatero ha ido soltando sin que nadie se lo pidiera, el presidente volvería a confirmar su incapacidad de aliarse con el silencio.
Ahora sostiene que no se conocerá el cuándo, el cómo y el quiénes de las conversaciones con ETA. "Eso lo tengo muy claro", dice. De nuevo, un aliado del silencio de dudosa fiabilidad. No sería la primera vez que le apagan el farol, de su lado o del lado de enfrente, los de Gara o de El País. ¿Qué se apuestan ustedes?
Iba muy bien Zapatero con su valiente y lúcida posición sobre la crisis en Oriente Próximo que, por otra parte, estaba haciendo un beneficioso efecto de cortina mediática respecto a los tratos del Gobierno con una banda terrorista. Lo dicho: Zapatero anunció y traicionó su alianza con el silencio en la misma tacada. ¿Será el calor?

Escribe un comentario