Cuando Zapatero dijo que Montilla iba a sorprender, se quedó corto.El efecto Montilla produce, no tan sólo sorpresa, sino incluso algún milagro que otro. No quisiera con ello proponer que beatifiquen al ex alcalde de Cornellà, líbrenme Paco Vázquez y Dios Nuestro Señor.
Pero se me antoja singular que, tan sólo por el hecho de conocerse que Montilla se presenta como candidato por los socialistas, se haya reducido la diferencia en intención de voto que existía entre el PSC y los convergentes. Estos últimos le sacaban cuatro puntos al PSC hasta la llegada de Montilla.
Ahora, según el cocinero, unas encuestas dicen que los socialistas aventajan a CiU, o bien que son éstos los que, ligerísimamente, sacan algo más que los partidarios de Montilla. Sea como fuere, el caso es que la sola mención de Montilla ha invertido la tendencia.Si eso no es llegar y besar el santo, ya me dirán.
Pero no cesan ahí las sorpresas. Artur Mas lanzó el temido guante de celebrar un debate a la cara de Pepe Montilla. Creo sinceramente que Mas estaba convencido que Montilla no aceptaría el reto.Pues dijo que sí. Aceptó el debate con Mas, e incluso apuntó que no tendría inconveniente en debatir a cinco bandas si era el caso.
Lógicamente, el golpe ha sido muy fuerte para Convergència. Dicen los malvados que los chicos de Mas han tardado más de una semana en reponerse, y que algunos de sus más destacados dirigentes están tomando pastillas de valeriana por arrobas. Normal.
Sus asesores, que son personas que se guían por la lógica política que ha imperado en Cataluña en estas décadas, debieron pensar que Montilla es un político al uso. Ahí es donde erraron.
Montilla ha aceptado el debate porque sabe que no pierde nada y, en cambio, Artur Mas lo puede perder todo. Mas arrastra la pesadísima losa de más de dos decenios de gobierno convergente.Ha formado parte destacada de ellos. Y, por tanto, tiene el techo de cristal. Cualquier acusación que le lance a Montilla, éste puede devolvérsela con el doble de carga política.
La hemeroteca es un arma arrojadiza terrible, créanme. Para este debate, basta tan sólo con repasar la acción de gobierno de CiU en todos estos años y sus pactos con el PP. Si Mas dice que hará tal o cual cosa, Montilla sólo tiene que cruzarse de brazos y preguntarle porqué no lo hizo cuando tenía responsabilidades de gobierno.
Pero hay algo tremendamente novedoso en todo esto. El hecho en sí de que Montilla acepte celebrar los debates que hagan falta es la primera pedrada en el frágil techo de Mas. Ya le hubiera gustado a la oposición que, cuando CiU gobernaba, Pujol hubiera aceptado debatir con ellos. Pero era la época del Això no toca.
Será apasionante ver un debate en el que se enfrenta la imagen y la pose estudiada a la seriedad y las ideas expuestas de manera somera. Retórica frente austeridad. Histrionismo frente a estoicismo.Los filósofos de la Sorbona estarían encantados.
Mas ha cometido una temeridad, porque los debates los carga el diablo. Y, si en este país todos tenemos el techo de cristal, en feliz ocurrencia de mi maestro Josep Cuní, el candidato Artur Mas lo tiene de cristal de Bohemia al presentarse por el partido que más tiempo ha gobernado.
Esto lo hace muy vulnerable porque, aquel que gobierna es quien más veces se ha equivocado. Especialmente cuando se gobierna mal. Lo dicho, será una gozada de debate.
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