Lo más asombroso de Zapatero no es que quiere poner España patas arriba en tan sólo dos años, crear un Estado confederal, reformar la Constitución, los Estatutos, pactar con ETA, ganar a posteriori la Guerra Civil con la vuelta de la tortilla, alcanzar la paz en Oriente Próximo, implantar la Alianza de Civilizaciones en el orbe, domar a EEUU y poner firme al Vaticano. Lo más asombroso es que, como en el cuento del Sastrecillo Valiente, pretende hacerlo todo a la vez y de una vez.

En el PSOE, los pocos barones que quedan, y casi todos ellos fuera de los circuitos del poder, se echan las manos a la cabeza y discrepan de la oportunidad de abrir todos estos frentes a la vez, por más que el PP esté en mala situación porque saben que Zapatero, ya se vio en Cataluña, está en manos pocos fiables —como son los nacionalistas— y no ocultan su preocupación por lo que pueda ocurrir en contra de lo que piensa Zapatero cuando dice que “no pasa nada”.

A su favor Zapatero tiene las encuestas y la bonanza económica, aunque ya empieza a flaquear. Y una gran mayoría de ciudadanos que pasa de la política y de los políticos, tal y como se apreció en el reciente referéndum catalán. Aunque en los tiempos que corren, y en España de manera especial, nada se debe descartar y nunca se sabe si bajo el agua aparentemente tranquila está creciendo un tsumani político que en cualquier momento podría subir a la superficie.

El Sastrecillo Valiente presumía de haber derrotado a la vez a numerosos gigantes, que luego eran moscas. Y el presidente Zapatero se ve con fuerzas para mantener en el aire a todos los chirimbolos de su arriesgado malabarismo convencido de que ninguno de ellos se le va a caer y mucho menos todos a la vez.

Naturalmente, el mejor aliado de Zapatero para abordar sus desafíos, muchos de ellos precipitados y erróneos, es al día de hoy el PP, donde no es la cohesión ni la respuesta inteligente lo que brilla en su acción política, lo que nos deja a los españoles ante una extraña e inquietante orfandad: un presidente osado y a veces disparatado y también una oposición tímida y desconcertada que no sabe a dónde va.

A todo ello tenemos que añadir un dato esencial: Zapatero tiene el poder. Y eso en este país es mucho tener: el ejecutivo, el legislativo, el judicial, la prensa (grandes cadenas audiovisuales) y la influencia sobre la banca y las grandes empresas. Y eso es mucho o demasiado poder que deja a la oposición en la mayor soledad.

De momento Zapatero se prepara para marcharse de vacaciones y para preparar desde Lanzarote el otoño político y la negociación con ETA, que si no ha comenzado ya, está a punto de comenzar, salvo que las cosas estén tan empantanadas como se dice. Y sobre todo Zapatero va a preparar su próxima crisis de Gobierno, que se abrirá con el relevo del ministro Montilla y que podría extender a otros departamentos, como sería lógico y natural. Aunque de aquí al mes de septiembre todavía otras muchas cosas pueden pasar, porque las serpientes de verano ya han comenzado a navegar.