El buzón de los abogados, de Antoni Dalmau en El Periódico
Ahora que hace tanto calor, tal vez los pies les lleven hasta la Casa de l'Ardiaca, cerca de la catedral de Barcelona, aunque solo sea para buscar la sombra de su pequeño claustro o el consuelo de la palmera y los pequeños chorros de la fuente que los turistas fotografían constantemente. Estos días encontrarán una pantalla que les impedirá ver el buzón de la fachada de esta casa originaria del siglo XII, que desde los años 20 del siglo pasado acoge el Arxiu Municipal d'Història de la ciudad, pero que antes había sido la sede del Col.legi d'Advocats. El buzón está tapado porque lo están restaurando los técnicos del Institut Municipal del Paisatge Urbà.
Un cartel nos explica el origen de este buzón singular, y vale la pena recordarlo, justo ahora, a tantos transeúntes distraídos que tal vez sonríen cuando ven pasearse por él a una insólita tortuga. Resulta que el restaurador de la casa, el arquitecto modernista Domènech i Muntaner, lo diseñó en 1902, pero no pensando en los archidiáconos medievales que habían ubicado en el recinto su sede oficial, sino en los letrados barceloneses. Por eso está esculpido el escudo de su colegio profesional y los tres elementos que hacen de él una pieza realmente original: las golondrinas que simbolizan la rapidez con la que a los abogados les gustaría que avanzaran sus pleitos; la hiedra frondosa de la burocracia que hace imposible que los papeles vayan tan de prisa como querrían, y, finalmente, la tortuga, símbolo de la lentitud inveterada de la maquinaria judicial...
Cuando el buzón vuelva a estar visible para todos, tal vez extraeremos de él algunas conclusiones que no esperábamos antes de conocer su historia: una, que se podía ser arquitecto modernista y tener buen humor, cosa que los noucentistes de hace un siglo parecían ser capaces de permitirse, y la otra, que esto de la lentitud de la justicia no es precisamente un mal reciente, y que nuestros abuelos ya se tenían que cargar de paciencia cuando entraban en el juzgado. Bien pensado, un poco de ironía y una cierta relativización de los problemas no son malas recetas para tomarse la vida, ahora que hace tanto calor...
ANTONI Dalmau. Escritor.
