José María Aznar, el ex presidente del Gobierno que no hace mucho optó entre servir al Estado o entrar en la nómina de una multinacional -su decisión es de sobra conocida-, ha declarado a la BBC que no rechazaría la posibilidad de que la OTAN bombardease Líbano "si fuera necesario". Y el número dos del PSOE, José Blanco, en turno de réplica, ha insinuado que a lo mejor el consejero de News Corporation (la compañía de Rupert Murdoch, de la que Aznar es consejero) habla así porque tiene intereses en el mercado de armas.

Barbaridad por barbaridad. Ese es el nivel del debate. Barato, frívolo y con unas considerables dosis de odio al adversario político en clave nacional. Mientras Condoleezza Rice marea la perdiz hasta que Israel decida parar y crece el malestar del mundo civilizado por el sufrimiento de los libaneses, los dirigentes de nuestros dos principales partidos se pasan el día compitiendo en frases ocurrentes para insultarse entre sí.

¿Habremos contagiado al embajador de Israel? Esta vez la pedrada de José Blanco no fue en turno de réplica sino de saque desde el fondo de la pista: "En esta crisis los muertos civiles no son colaterales sino un objetivo buscado". Muy fuerte, muy tremendo. Pero en la respuesta del embajador, Víctor Harel -"Es lo más infame que se ha dicho"-, sólo hay rasgado de vestiduras. Ni un solo argumento, ni una sola razón asentada en hechos para reventar el exceso cometido por Blanco.

Frente a los acontecimientos de estos días, solo frente a los hechos, al margen de valoraciones o simpatías personales, basta hacerse dos preguntas. La primera, ¿están convencidos los artilleros y pilotos israelíes, o quienes les mandan, de que disparan contra terroristas? Y la segunda, ¿cuántos terroristas hay entre los 350 muertos contabilizados hasta la fecha? En su ataque de dignidad herida, poco nos ilustra el embajador sobre estos detalles.

Lo último en intercambio de pedradas -la pedrada por la pedrada, que es el repliegue de los argumentos-, es la foto del presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, fotografiado con una ‘kufiya’ como la que un joven palestino le colocó a Rodríguez Zapatero hace unos días.

Nada de particular que Valcárcel se pusiera voluntariamente el pañuelo durante su encuentro oficial con el representante de la Autoridad Nacional Palestina en España, Musa Odeh, el pasado 23 de mayo. Pero como una foto parecida de Zapatero fue piedra de escándalo en su partido -el PP, el de Valcárcel-, a Rajoy le han devuelto la pelota. A Rajoy, que no al presidente murciano, cuyo gesto de cordialidad con su invitado palestino repetiría, estoy seguro, en ese terreno, el de la cortesía, si el invitado y la prenda hubieran sido hebreos.

Continuará.