El autor explica que el mercado del petróleo sigue marcado por los vaivenes geopolíticos. La guerra en Oriente Medio ha recrudecido la tensión sobre los precios, que comienzan a pasar factura al consumidor.
Hemos visto un milagro menor: el supuesto poder del alza de los precios del petróleo para causar una crisis económica ha resultado ser más un mito que una realidad. Nosotros, los estadounidenses, hemos rezongado en voz alta sobre el alza del precio de la gasolina, mientras llenamos nuestros tanques como si prácticamente no hubiera sucedido nada.
En el feriado del 4 de julio, una cantidad récord de 40,7 millones de estadounidenses hizo viajes de más de 50 millas, lo que representa un 1,2% más que el año pasado. En junio, el consumo de la gasolina superó los 9,5 millones de barriles diarios, un récord mensual.Mientras tanto, la economía parece estar fuerte. La tasa de desempleo del 4,6% está, sin duda, cerca del pleno empleo.
La lucha entre Israel y sus vecinos -que envió inmediatamente los precios del crudo a 78 dólares por barril- sugiere la siguiente pregunta: ¿Está nuestra fortuna a punto de acabarse? Aunque la respuesta tentativa es no, no se la puede considerar con total confianza. El economista Nariman Behravesh, de Global Insight, piensa que la expansión económica continuará, aún cuando el precio del petróleo puede subir a 85 dólares por barril. Pero Behravesh matiza su predicción rápidamente.
Una seria conmoción en el suministro del Golfo Pérsico podría reducir la producción de petróleo en hasta cino millones de barriles diarios de un total de 85 millones. El precio podría subir hasta 120 dólares por barril. El efecto económico sería devastador.Por cada 10 dólares por barril, el precio de la gasolina subiría alrededor de 25 centavos por galón.
Los mercados de petróleo operan impulsados por el temor. La brecha entre la demanda y la capacidad productiva es mínima, quizás de uno o dos millones de barriles diarios. Dado que la demanda de crudo es lo que los economistas llaman «no-elástica» (es decir, los consumidores consideran el combustible como esencial y reducen la compra del mismo sólo levemente cuando el precio sube), incluso modestas amenazas al suministro pueden crear grandes incrementos de precios. Los rebeldes de Nigeria han reducido las ventas de su país en alrededor de 600.000 barriles diarios, dice Mary Novak de Global Insight. La lucha en el Medio Oriente crea muchas posibilidades aciagas, aunque no inmediatas: Irán podría reducir la producción para presionar a Israel; los terroristas bloquearían a los buques petroleros, impidiendo que pasaran por el estrecho de Hormuz; los israelíes podrían bombardear Irán.
«Todos están comprando porque temen las interrupciones en el suministro», observa Mark Zandi de Moody's Economy.com. La geopolítica no es el único peligro. «Si otro huracán pasa por el Golfo de México y daña plataformas petrolíferas y refinerías, eso elevará marcadamente los precios».
También hay una desconexión entre las provisiones disponibles de crudo y el tipo de petróleo que las refinerías desean, señala Novak. El petróleo más codiciado es el liviano y dulce que es altamente líquido y tiene un bajo contenido de azufre. Estos crudos pueden ser refinados fácilmente en gasolina, combustible para jets y diesel. En cambio, los pesados y amargos no son fáciles de refinar. Éstos últimos son relativamente abundantes. La escasez del crudo dulce está presionando para una subida de precios.Pero hasta el momento, el impacto económico ha sido débil. ¿Por qué? Tres razones.
En primer lugar, los precios del petróleo y de la gasolina, ajustados por la inflación, han permanecido por debajo de picos anteriores.Quizás esto ya no sea cierto: los picos anteriores ocurrieron en 1980 y 1981, cuando la gasolina promedió en casi tres dólares el galón. En segundo lugar, el consumo de la gasolina ha representado una proporción menor del presupuesto familiar, porque en el curso de los años los estadounidenses se han vuelto más ricos. Aunque eso es aún cierto, la brecha se está reduciendo. En 1980 y 1981, el consumo de la gasolina equivalía a un 4,3% del ingreso personal disponible. En 2002, esa cifra era un 2,1%, ahora es un 3,7%.Finalmente, la mayoría de las empresas -exceptuando las petrolíferas- no han pasado sus costos más elevados de energía a los precios.Algunos economistas temen que esto suceda pronto.
Lo que es peor, los precios del petróleo pueden estar subiendo justo cuando otros indicios señalan un crecimiento económico más débil. Desde junio de 2004, la Reserva Federal ha elevado las tasas de interés a corto plazo. Los incrementos acumulativos parecen estar teniendo efecto ahora. Los precios de los préstamos están subiendo. El mercado de inmuebles está debilitándose. Es más difícil para los dueños de casas vender su casa y extraer enormes ganancias. El precio más alto de la gasolina puede erosionar la confianza de la población. «No hay otro factor único que influya más constantemente en el sentir del consumidor», expresan los economistas Jochen Hitzfeld y Roger Kubarych.
¿Está el petróleo en un punto álgido? ¿Podría el alza de los precios desencadenar una recesión? Bueno, sí. Pero probablemente tendrían que elevarse a mucho más que 80 dólares por barril.Nadie sabe, realmente. Lo que sí sabemos es que la economía estadounidense ha superado sistemáticamente factores que podrían haber causado su tambaleo. Ha demostrado ser resistente. Si tenemos suerte, lo demostrará una vez más.
Robert J. Samuelson es analista de The Washington Post.
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