Seis o siete dirigentes con actitudes matizadamente diferentes y con distinto poder establecen las líneas básicas de un proceso con altibajos cuyos resultados, según los expertos, asumirán sin divisiones
El tenso equilibrio sobre el que se sustenta la izquierda abertzale -el entramado que incluye a ETA, Batasuna y los sindicatos y organizaciones afines- está anclado en estos momentos en seis o siete protagonistas con actitudes matizadamente distintas respecto al desarrollo del proceso abierto para el final del terrorismo.Y, aunque los expertos están convencidos de que, al final, para bien o para mal, no se van a producir escisiones ni discrepancias públicas, en el camino, los matices y, con ellos, la lucha por la preponderancia, han provocado algunas divisiones en un bloque que alardea de su monolitismo interno.
Según los expertos, los nombres sobre los que recae la responsabilidad de liderar la izquierda abertzale son los de Arnaldo Otegi y Rafa Díez Usabiaga, por un lado, Rufi Etxeberria y Joseba Permach, como contrapunto, por otro, y Josu Ternera y Txeroki en lo referente a la banda terrorista estrictamente. Con la salvedad de que no todos ellos responden necesariamente a un liderazgo personalista sino que pueden estar representando a un bloque acostumbrado a decidir de manera colegiada.
Lo que está claro es que los órganos presentados por los radicales como oficialmente representativos de sus diferentes sucursales, no lo son en absoluto. En realidad, la Mesa Nacional de Batasuna elegida a principios de este año tras un proceso de meses no tiene ni poder ni capacidad de decisión y su presentación fue la escenificación de su intención de subsistir a pesar de la ilegalización.
A la mesa nacional, hay que unir la formación de varias estructuras paralelas igualmente ficticias. Es el caso del Partido Comunista de las Tierras Vascas o de la comisión cuya misión aparente es la de preparar las reuniones sobre la futura mesa de partidos vascos en la que se abordarán el distinto modo de relación de Euskadi con el Estado.
Ninguna de las dos es operativa a los efectos. La única misión del PCTV era garantizar la presencia en el Parlamento de Batasuna, convertirse en bisagra e impedir que el tripartito pudiera adquirir la mayoría absoluta. Y eso lo cumplieron en el mismo momento en el que pudieron presentarse a los últimos comicios autonómicos.De la comisión negociadora sobre la mesa de partidos poco se sabe porque, de hecho, quienes mandan en ella son los mismos que tienen controlado el resto del bloque radical.
Por un lado, Rafa Díez de Usabiaga, el secretario general de LAB, uno de los muñidores del proceso iniciado. Su poder radica en un punto fundamental: dirige la única organización legal de la izquierda abertzale, una de las más arraigadas en las bases radicales y con una importante capacidad de desestabilización laboral. Respecto a Otegi, los expertos coinciden en señalar que no tiene capacidad de decisión real alguna, pero esto no impide que haya conseguido convertirse en un referente porque no son tantos los que tienen su imagen y sus habilidades dialécticas.
Pero, lo cierto es que, sea lo que sea lo que ambos decidan, hay dos comisarios políticos que les marcan de cerca. Esa es la misión de Etxeberría y de Permach. Las informaciones de las fuerzas de seguridad describen como, en varias ocasiones, cuando los moderados de la izquierda abertzale han querido desplazarlos de los puestos de responsabilidad, ha sido la dirección de la banda la que ha impuesto su presencia.
Una muestra de las diferencias de criterio a la hora de abordar el día a día la constituyó la filtración al diario Gara de los compromisos con ETA incumplidos, según el citado periódico, por el Gobierno. Los papeles sobre este asunto llevaban dando vueltas por el País Vasco desde hacía semanas. Un sector de la izquierda abertzale los filtró para agilizar un proceso que consideraban que se estaba ralentizando, pero este gesto enfadó sobremanera al otro sector en el que se encuentra Otegi.
Tanto como para realizar un pseudo desmentido público pero no lo suficiente como para renunciar a los efectos. Es decir, a la presión sobre el Gobierno para que legalice a Batasuna sin condiciones y para que impida detenciones y procedimientos judiciales.Es la ambigüedad habitual empleada por los sucesivos portavoces de Batasuna que les ha permitido, en las diferentes negociaciones, mudar de piel cuando les ha convenido. Y la que les permite mostrar decisiones cambiantes respecto a su intención de legalizar Batasuna.
De hecho, hasta los socialistas conocedores del proceso han cambiado sus explicaciones al respecto. Primero decían que los líderes de Batasuna jamás condenarían el terrorismo de ETA para conseguir la legalización; después que, si hacía falta, lo harían, y, finalmente, que lo más probable, es que buscaran una fórmula genérica de condena de todas las violencias similar a la del PCTV. Y mientras el Gobierno calibra si puede permitirse el lujo de una legalización en esas condiciones, la izquierda abertzale marca la pauta según sea el sector que domine en ese momento. Si bien hace unos meses Otegi resaltaba la necesidad de encontrar una salida para conseguir la legalización, desde hace semanas los radicales, conscientes de que su presencia en la mesa de partidos es fundamental, mantienen la tensión e indican que esta no es su prioridad.
Respecto a ETA, es indiscutible la entidad que ha ido adquiriendo Josu Ternera. Tanto que algunas fuentes gubernamentales han dado por sentado que su aval en el proceso es garantía suficiente de liderazgo; que su palabra será respetada por el resto.
Aunque no todos piensan lo mismo. Algunos expertos están convencidos de que son los jóvenes, los procedentes de la kale borroka, los que tienen el control y se reservan el derecho a discrepar. Son los que advirtieron poco antes del acto del Bilbao Exhibition Center que había que verificar la verdadera voluntad del Gobierno de seguir adelante y provocaron la intervención del presidente en un acto de partido; y son los que, junto con una parte de Batasuna, plantearon que los interlocutores imputados pudieran no acudir a declarar a la Audiencia Nacional y obligaron de este modo al secretario general del PSE, Patxi López, a anunciar que su partido se reuniría con la formación todavía ilegalizada para evitarlo.
Estarían representados por Txeroki, el jefe del aparato militar, pero esto es un modo de explicarlo. En realidad, constituyen un sector acostumbrado a adoptar decisiones de manera colegiada.Por eso, por ejemplo, en el juicio contra Jarrai, no había nadie que destacara especialmente. Esa es su forma de funcionar y puede resultar demoledora en un proceso como el actual.
De modo que algunos expertos recuerdan que ETA es más que Ternera y más que Txeroki, es una estructura más amplia a la hora de tomar decisiones y todo depende de algunos equilibrios complicados de mantener. Y al final, dicen, pase lo que pase, todos asumirán el resultado.
ARNALDO OTEGI. Ingresa en ETA. Cumple la mitad de la condena por el secuestro de Luis Abaitúa. Entra en la dirección de HB en 1997. Es uno de los tres negociadores desde hace cinco años con el PSE. Procesado y condenado en varias causas. Es un referente por su imagen y su capacidad dialéctica.
RAFA DIEZ USABIAGA. Secretario general de LAB, fue miembro de la ilegal Gestoras pro Amnistía, diputado en el Parlamento vasco y en el Congreso, asesor de las conversaciones de Argel y firmante en Lizarra. Es otro de los negociadores con el PSE y dirige la única organización legal de la izquierda abertzale.
RUFI ETXEBERRIA. Miembro del comando Txirrita, entre otros hechos delictivos se le atribuyó su presunta participación en un asesinato.Integrante de la Mesa Nacional de Batasuna de manera intermitente.Fue el promotor de la ponencia Oldartzen, que apostaba por la «socialización del sufrimiento».
JOSEBA PERMACH. Procesado por pertenencia a ETA, ha sido elegido concejal y coordinador de la Mesa Nacional de Batasuna en varias ocasiones. Las Fuerzas de Seguridad sostienen que su presencia en estos órganos directivos, al igual que la de Etxeberria, ha sido impuesta por la dirección de ETA.
'JOSU TERNERA'. Militante de ETA desde hace más de treinta años, siempre ha mantenido las posturas más duras al enfrentarse a la negociación con el Gobierno. Actualmente está considerado un posibilista. Ha sido el interlocutor del intermediario del Gobierno en las conversaciones preparatorias para el proceso.
'TXEROKI'. 33 años. Considerado el jefe del aparato militar. Identificado como uno de los asesinos del magistrado Lidón. Se incorporó a ETA tras la tregua, pero su poco recorrido en la banda no impide que algunos expertos lo vean como el representante de la generación de la kale borroka, vigilante de lo que pueda ocurrir.
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