La cuenta atrás de Javier Fernández, de Nacho M. del Campo y José Manuel Piñeiro en La Nueva España
La cuenta atrás de Javier Fernández.
Los partidarios del dirigente socialista intentan vencer su resistencia para que lidere la lista autonómica.Ferraz, que no pone obstáculos al cambio de candidato, deja la decisión en manos de la FSA.
«Queda poco. Muy poco. Quizá no se anuncie hasta septiembre, pero esto no aguanta más. Antes de irnos de vacaciones, habrá una decisión». Julio, bochornoso, sofocante, entra en sus últimos días. Y a los partidarios de que Javier Fernández encabece la candidatura socialista a la presidencia del Principado se les echa encima el agobio, el calor y el calendario. Saben que la dirección nacional daría vía libre a la candidatura. Que el único -y, hasta ahora, enorme- obstáculo es la renuencia del secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA). Y creen que aún es posible sacar fuerzas para un último empujón.
La segunda planta es el piso noble de la Federación Socialista. Ahí está la sala de reuniones de la ejecutiva y, también, el despacho del secretario general. Para llegar hay que recorrer un largo y jerárquico pasillo. Lleno de puertas de despachos, cada uno es más importante que el anterior. Al fondo, otra puerta cierra el paso. Tras ella trabaja una secretaria. Si uno pasa el control, habrá llegado al cuartel general. Allí sólo quedan dos puertas más: la de Jesús Gutiérrez, secretario de Organización; y la de Javier Fernández.
«Pues ese camino, controles incluidos, lo ha hecho mucha gente en los últimos tiempos», bromea un dirigente socialista. Responsables de agrupaciones locales -«y no sólo de las Cuencas»-, notables del sindicalismo minero, afiliados de a pie y simpatizantes. De una manera u otra, bien después de caminar el largo pasillo interno o bien en algún acto, o en una charla informal, todos le han hecho la misma petición: «Javier, preséntate».
La lista de respaldos puede concretarse más. A los clásicos, que ya se partieron el pecho dándole ánimos ante las elecciones de 2003 -María Luisa Carcedo, Jesús Gutiérrez, José Ángel Fernández Villa,...- se unen otros. Por ejemplo, Álvaro Cuesta, único asturiano en la ejecutiva federal, ha sido bien explícito en todas sus declaraciones. En el límite de la prudencia, Cuesta se ha cuidado muy mucho de dar por supuesto que el presidente Vicente Álvarez Areces, vaya a repetir, al tiempo que ha ensalzado sin reparos tanto la capacidad de Fernández como el supuesto aprecio que le merece a Zapatero.
Más cuidadoso, José Blanco, secretario de Organización, ha sido ambiguo. Al menos, en público. Uno u otro, vino a decir, tanto nos da. Ése, según algunos, es el criterio de la ejecutiva federal: «Javier sabe de sobra que no habría obstáculo alguno por parte de Ferraz». Blanco se lo ha dicho en persona. Más de una vez.
Pero lo relevante no es el número de respaldos. De hecho, la peregrinación al despacho de Fernández es quizá menos concurrida que la de 2003. Pero antes existía el temor a que un cambio de candidato reventase la paz interna. Ahora no. Lo que antaño se conoció como «tercera vía» vería con buenos ojos la candidatura, Fernández cuenta con simpatías en UGT, y nadie prevé un «levantamiento» de agrupaciones como Gijón. «No hay guerra posible», razona un cargo interno «Nadie está en condiciones de ganarle un pulso a Javier. Tini lo sabe perfectamente».
En esta situación, «es difícil que Javier pueda resistir sin dar una respuesta». Quizás también a falta de que se aclare el relevo de José Montilla al frente del Ministerio de Industria, cargo para el que suena de forma intermitente el de la FSA. Y no es sólo cosa de aguantar la presión. El tiempo apremia. A la vuelta del verano, espera la campa reseca de Rodiezmo -la fiesta organizada por el SOMA-FIA-UGT, desde hace años la lección inaugural del curso político por excelencia-y la precampaña. No es lo mismo organizarla con Areces de candidato, un veterano ya conocido, que con un cartel de estreno.
Algo que tampoco preocupa a los más entusiastas. Aseguran que el relevo en la candidatura concentraría sobre Fernández todos los focos mediáticos y daría nuevos bríos al partido. «Es verdad que es menos conocido que Areces», asume un parlamentario, «pero eso es subsanable. Queda tiempo de sobra. Y la ilusión que generaría en el PSOE asturiano compensaría otros déficits». «El PSOE es una buena marca. Quien esté al frente de la lista es un factor importante, pero secundario», añade un dirigente.
Porque, para buena parte de los defensores del secretario general, Areces «no es el candidato que era, aunque no lo digamos». Ésa es una de sus razones. Otra, que conviene cambiar cuanto antes el estilo de gobierno por otro que sea menos disperso y ponga todo el énfasis en la creación de empleo y el «corazón industrial» de Asturias. Y una tercera, entre las principales: Areces no puede eternizarse. Por su voluntad, añaden, jamás se irá. «Ahora o en 2007, habrá que hacer el cambio. Eso es algo que Javier debería pensar mucho, mucho, antes de dar un no definitivo».
Mientras, Areces sigue tranquilo. Hace poco ha reforzado su equipo de asesores y la portavocía del Gobierno con las incorporaciones de Arcadio Fernández y de Víctor Suárez y cualquiera que eche una ojeada a su agenda verá de lejos que está atiborrada de actos. Sin duda, está lanzado a la campaña, calmado, ilusionado como siempre, y confiado en que volverá a ser el cartel electoral.
«Es cierto que eso es lo más probable», reconoce un alto responsable. ¿Y cuál es la razón para que tanto apoyo y tanta rogativa no tenga efecto? «Probablemente, un exceso de responsabilidad. Javier se echa todo a la espalda. El resultado, las posibles tensiones internas, el temor a perder su condición de pacificador... y, sobre todo, conociéndole, no querrá verse en el brete de tener que decirle a Areces que quiere sustituirle. Todos sabemos que el Presidente no se lo pondría fácil. Lo probable es que Tini encabece la lista. Pero estamos en la cuenta atrás, y no tiramos la toalla».
