No se desprende del ideario del PP su renuncia al principio de que no todo vale en la lucha contra el terrorismo, por la que fue justamente retribuido en las urnas de 1996. Y tampoco consta, diez años después, su intención de colgarle el sambenito de "antisemita" al subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Jan Egeland, por mostrarse horrorizado sobre el propio terreno ante la devastadora acción militar sobre la población civil libanesa.
Sembrar el terror entre la población civil es terrorismo. Defensa propia es otra cosa. En todo caso, el principio de proporcionalidad va cosido a todos los supuestos de legítima defensa contemplados en la legalidad internacional. El Gobierno español siempre ha manejado los dos términos de la ecuación: condenables las provocaciones de Hamas e Hizbulá contra soldados israelíes, por una parte, y desproporcionada reacción de Israel, por otra. Exactamente la misma que, desde el principio, hizo pública el portavoz del PP, Gustavo de Arístegui.
Lúcido, inteligente y gran conocedor de la zona, Arístegui decía cinco días después de comenzar los bombardeos que "los ataques israelíes están afectando a millones de personas inocentes que no sólo no tienen nada que ver con la organización radical, sino que son firmes opositores a la misma. Yo no pongo en duda el derecho a defenderse, especialmente después de sufrir un ataque unilateral sin que mediase provocación alguna. Sin embargo, las medidas tomadas por el ejecutivo de Ehud Olmert son desproporcionadas, indiscriminadas y muy probablemente, ineficaces. La reacción israelí hubiese debido centrarse en objetivos claramente vinculados a la organización terrorista y no a los que han afectado gravemente a la población civil libanesa y que han causado decenas de victimas civiles. Ese no es el camino, eso no es aceptable".
Palabras sensatas de las que nadie deduciría un homenaje al terrorismo de Hizbulá ni mucho menos una expresión de antisemitismo. Sin embargo, por decir lo mismo, con matices, con mayor acento sobre uno de los términos de la ecuación, puede ser, vale, pero básicamente lo mismo, el PP ha acusado al Gobierno de orquestar una campaña contra Israel, se ha calificado a Zapatero de "progre de pacotilla", "líder tercermundista" (Rajoy) y "antisemita" (Zaplana). Y a quienes comparten -compartimos- la posición del Gobierno, de "paletos", "grotescos", "ridículos" y "progres antiguos". Paciencia y barajar.
El propio Gustavo de Arístegui tuvo que sobreactuar en el Congreso para poner en escena un duelo verbal con el ministro Moratinos que en absoluto se corresponde con el pensamiento de ambos, mucho más coincidente de lo que se dio a entender en la sesión de la semana pasada.
Sin embargo, ya lo estamos viendo, leña al mono que es de trapo. El fin de semana nos trajo nuevas entregas de la forzada confrontación Gobierno-PP por cuenta de la operación militar de Israel en el Líbano. Forzada, artificial y nada creíble. A pesar de la involuntaria contribución personal de Zapatero a la "campaña contra Israel" soñada por Rajoy. Me refiero a la foto con el pañuelo palestino al cuello. Sin comentarios. Que el análisis del problema pase por esa foto nos da una idea del bajísimo nivel que preside el debate político nacional.

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