Mientras los analistas e historiadores de ocasión siguen debatiendo las capacidades políticas e intelectuales de Zapatero, si es tonto o demasiado listo, si un idealista o un aventurero, si tiene un proyecto para España o contra España, si es un bobo solemne o un astuto malvado, si salvará la legislatura o si se estrellará, en el PP todo parece más claro. Por lo menos a la vista de lo que acaban de hacer con la guerra del Líbano, que es más o menos igual que lo que hicieron con la guerra de Iraq.

Aznar, empeñado como está en destruir a Rajoy y convertirlo en un muñeco al servicio de sus propias intrigas, fantasmas y rencores, se ha atrevido a presumir de su foto en las Azores que metió a España de lleno en la guerra mentirosa e ilegal de Iraq (con más de 100.000 muertos, masacres diarias de más de 50 víctimas y decenas de heridos, un país destruido y al borde de la guerra civil y terrorismo por doquier, además de las matanzas de inocentes por las tropas invasoras, las torturas de Abu Ghraib y cárceles ilegales en Europa y Guantánamo). Aznar, como la hiena, se ríe de su macabro y pestilente festín que además, por causa de su exhibicionista foto en las Azores, dio alas a los terroristas del 11M, se cargó su pretendida salida triunfal de la política, provocó la derrota del PP en el 2004 y nos regaló a los españoles a Zapatero como presidente del Gobierno.

Entonces, ¿de qué se ríe Aznar? con la boca abierta, presumiendo de la guerra de Iraq, que cada día se parece más a la de Afganistán y ahora a la del Líbano, los tres países destruidos, al borde de la guerra civil, con más terrorismo, miles de muertos inocentes y convertidos en fábricas de odio del mundo árabe contra Occidente, en el beneficio de los más crueles terroristas islámicos.

Se quejaban amargamente en el PP de que Zapatero, su Gobierno y su partido estaban empeñados en ligar la guerra de Iraq con la del Líbano, a sabiendas del efecto que esa perspectiva bastante realista iba a tener en el electorado pacifista español, y siempre más cerca del mundo árabe (especialmente en la derecha) que de Israel. Pues bien, habló el ex presidente Aznar, presumió de la guerra de Iraq y volvió a meter al PP en el túnel de Iraq, sus desgracias y del pasado, del que no logra escapar entre otras cosas por la causa del omnipresente y tonante Aznar, que no deja de disparatar y que ha abierto un carrera de exageraciones y despropósitos en el seno del PP.

Dice Rajoy, subiendo el tono —para que Esperanza Aguirre no le quite el sitio, como dice El Mundo después de jalearla— que Zapatero es antisemita, no ha condenado a Hamas y a Hezbollah, y que no tiene la menor oportunidad de intervenir en la crisis del Líbano por haberse puesto el pañuelo de los palestinos. Y completa tan inteligente análisis político Zaplana asegurando que Zapatero es igual que Castro y Chaves, o sea, que España ya se parece a Cuba y Venezuela.

De las proverbiales meteduras de pata de Zapatero en política internacional podríamos escribir un par de tomos, pero como dice Aznar —él, que se paseaba haciendo manitas con Arafat en Menorca y es propietario de un pura sangre árabe que se llama “El Rayo del Líder”, que le regaló Gadaffi, un terrorista converso— hoy no toca, porque hoy toca el PP.

Pero vamos por partes. Zapatero y el Gobierno sí han condenado a todos, Israel, Hamas y Hezbollah, mientras que el PP no ha condenado a Israel por miedo a que Aznar les riña, y para que no se les enfaden los embajadores de Estados Unidos e Israel. O sea, el PP miente. Además, dicen que el Gobierno de Zapatero no puede mediar en la crisis del Líbano y sueltan semejante afirmación el mismo día en el que Condoleezza Rice llama al ministro Moratinos para pedirle a España que intervenga ante los gobiernos de Siria e Irán, mientras que Italia ha convocado al Gobierno español para participar en la cumbre de Roma. Y ya veremos si al final no se acaba pidiendo a España que envíe soldados de intermediación entre Israel y Líbano como parte de la fuerza multinacional de la que se está hablando.

Cómo pueden hacer un ridículo tan espantoso Aznar, Rajoy y Zaplana —sin perder de vista a los pequeñecos de la diplomacia del PP, Arístegui y Moragas— de semejante manera, en tan poco tiempo y en contra del sentir general de los españoles? ¿Qué mala hada, demonio, conjuro, maldición o plaga ha caído sobre la dirección del PP? No se puede hacer peor, ni con peores maneras ni con menos sentido de la oportunidad. ¿Les ha pasado Arriola la encuesta de lo que piensan los españoles sobre el ataque de Israel al Líbano? Creo que ayer la empezaron a conocer porque Elorriaga, el portavoz dominical del PP, declaró, para completar este caos, que la posición del Gobierno en este conflicto tiene tintes electorales, o sea que le beneficia porque coincide con el sentimiento de los ciudadanos. ¡Vaya por Dios!

Y Aznar con esos pelos y reivindicando la guerra de Iraq. Mientras, Zapatero sigue a su aire, como si nada, disfrazado con el hábito del poder que más que monje le hace prior, y que nos impide adivinar si es tonto o listo, un malvado o un insolvente. En realidad Zapatero es más bien un poco de todo y según la ocasión. Pero sobre todo Zapatero es un invento del PP. Primero un regalo de Aznar y luego un político hecho de plastilina camaleónica que se adapta a las circunstancias para disimular sus carencias, y que se crece cada vez que braman en su desconcierto y desesperación los distintos, y a la vez enfrentados, jefes del PP.

Los que no consiguen liberarse del padrinazgo furioso de Aznar. Un problema que dicen tener desesperado e indignado a Rajoy, hasta el punto que ha podido decir: “Si esto sigue así, un día de éstos viajo a Washington a hablar con Rodrigo, dimito y me voy”. Es decir, que siguiendo la tradición impuesta por Fraga y Aznar, Rajoy no sólo piensa en dimitir si le da la pájara en el Tourmalet, sino que además ya tiene elegido a su sucesor. O llegado el caso será Aznar, ese hombre, el que mueva el dedo nominador incluso en su propio favor. Por cierto, ¿le ha llamado Condoleezza a Moragas para pedirle su docta opinión?