En el equipo de Montilla han decidido ser ambiciosos, arriesgar al máximo y cruzar los dedos para que la aventura tenga éxito.

A diferencia de 1995, 1999 y 2003 el actual candidato del PSC a la Generalitat sí es el jefe del partido. Esta vez, sin embargo, no sale como favorito, como ocurriera en las dos últimas citas.Por si fuera poco, el cartel elegido, José Montilla, rompe el molde de los anteriores presidenciables socialistas, y no sólo por su origen andaluz -en el que algunos se han querido fijar-, sino también por trayectoria, carácter, estilo, cultura política e incluso ideología. Montilla se parece escasamente a los Reventós, Obiols, Nadal y Maragall.

Conscientes de que en esta ocasión las cosas son muy diferentes, el núcleo más próximo a Montilla ha tomado la decisión de ser ambiciosos y atrevidos, de arriesgar al máximo. De no vacilar, ser todo lo imaginativos que puedan y cruzar los dedos para que la aventura termine en éxito. Saben, desde luego, del riesgo que asumen: puede que Montilla, y ellos con él, se estrelle.Pero también saben que una táctica prudente, reservona, de manual, lleva al PSC directo a la derrota. Como admite uno de los cerebros de la operación: «No tenemos más remedio que arriesgar». Otrosí: nadie duda de que CiU va a volcarse en busca de un marcador de escándalo. Limitarse a proteger la portería sería renunciar a la victoria. Ni Montilla ni el PSC se lo pueden permitir.

En los primeros compases del match los socialistas ya han dado muestras de sus intenciones: elaborando un audaz material de presentación del candidato en que, por ejemplo, se muestra a un Montilla joven y barbudo, levantando el puño junto a Felipe González; aceptando el cara a cara al que con astucia les retó Mas, y con la futura difusión, instrumentalizando la Generalitat, de un millón de opúsculos para contar lo bien que lo han hecho en el Gobierno catalán (coste para el contribuyente: 150.000 euros). Son sólo algunos ejemplos de por dónde van a ir los tiros.Por supuesto, el PSC va a intentar sacar partido del hecho de que su candidato sea el único nuevo en estas elecciones; va a reivindicar -lo está haciendo ya- a Montilla como catalán de elección y va a proyectarlo como un hombre serio, especializado en gestionar y resolver problemas (ministerio, alcaldía de Cornellà) amén de hecho a sí mismo. En el dossier identitario, la apuesta está cantada: insistir en contraponer nacionalismo y catalanismo, presentando este último como el que se preocupa de las personas, de su bienestar, de su cotidianidad, para cerrar el círculo equiparando catalanismo y políticas «de progreso».

Todo indica que, de vuelta de las vacaciones, el encuentro va a devenir un encuentro rápido, con constantes alternativas, un emocionante toma y daca entre socialistas y convergentes, entre convergentes y socialistas.

¿Qué papel pueden jugar, a su vez, las otras formaciones, especialmente ERC? A mi parecer, van a tener que limitarse a explotar los espacios que deje libres el choque entre los dos únicos candidatos con posibilidades de presidir Cataluña. En el caso concreto de los republicanos, que tanto provecho sacaron de la campaña de 2003, existe una dificultad añadida: PSC y CiU han aprendido la lección y no les van a dar ni agua. Y no sólo por motivos estrictamente electorales, sino porque ni a Mas ni a Montilla les hace ninguna gracia tener que gobernar con ERC. Se trata de que, si tras las elecciones los republicanos vuelven a tener llave, ésta sea lo más pequeña posible.

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