La hegemonía de Gabino de Lorenzo en la capital del Principado no se explica sin las luchas en la AMSO.

LAS expectativas políticas creadas entre los socialistas ovetenses por el 'caso Sopeña', el famoso asunto en el que el senador, concejal y hombre de confianza de Gabino de Lorenzo apareció envuelto en unas grabaciones sobre compra-venta de terrenos, y las controversias en la AMSO sobre la celebración de elecciones primarias, convergen para mostrar una vez más que la capital de Asturias es el 'territorio problema' para el PSOE. En el primer caso, un asunto con apariencia turbia es visto por los socialistas como la gran oportunidad para erosionar el inmenso poder de Gabino de Lorenzo en Oviedo, y la agitación interna de la agrupación socialista nos retrotrae a las luchas intestinas del socialismo carbayón.

Los números demuestran que Oviedo es el 'territorio problema' para el PSOE. En las elecciones autonómicas, la ventaja en sufragios que obtienen los socialistas sobre el PP, en Gijón y las cuencas mineras apenas sirve para enjugar la diferencia de votos que les sacan los populares en la capital: 24.000 sufragios ¿Por qué Oviedo resulta tan adverso a los intereses de los socialistas?

Hay una respuesta simplista que consiste en afirmar que la capital de Asturias es una ciudad de derechas, amante de los tradicionales espectáculos clasistas, como las funciones de ópera, con el vecindario muy enjoyado y abundante fondo de armario. El estereotipo se refuerza con el recordatorio histórico: en 1934, la ciudad se enfrentó a los revolucionarios, y en 1936 resistió el cerco de la izquierda. Aparentemente, todo encaja.

Alcalde socialista

Sin embargo, esos ciudadanos, supuestamente de derechas, votaron mayoritariamente al PSOE en las elecciones municipales de 1983 y 1987. Durante ocho años, el dirigente socialista, Antonio Masip, fue el alcalde de la capital. Es más, pese a todas las zancadillas que le pusieron a Masip, tras los comicios de 1991 pudo perfectamente optar a un tercer mandato como alcalde, que se hubiera prolongado hasta 1995, si la dirección regional socialista hubiera puesto toda la carne el asador para forzar una alianza de centro-izquierda con los concejales del CDS e IU. Una alianza más heteróclita aupó a Maragall a la presidencia de la Generalitat. Aunque resulte provocador decirlo, en la democracia fue la izquierda la que entregó la ciudad de Oviedo a la derecha. Hay una imagen imborrable que lo atestigua: en la víspera de las elecciones municipales de 1991, la sede de la AMSO permaneció cerrada y todas las vallas publicitarias de la ciudad estaban ocupadas por fotos del aspirante Gabino de Lorenzo. ¿Casualidades?

La investidura de Gabino como alcalde no fue producto de su buen hacer en la oposición, sino de las increíbles peripecias internas del socialismo. Baste recordar que desde la propia agrupación socialista ovetense, regida por el hoy diputado nacional Celestino Suárez, se sometió a Masip a una moción de censura interna. Por no hablar de aquellas operaciones de toma de control de la Casa del Pueblo, conocidas como 'operación jaula' y 'patada en la puerta', que demostraban el interés del Soma por hacerse con el dominio de la AMSO. Para ese sector, Oviedo es una prolongación de Olloniego pero con más gente.

En cualquier partido, cuando los enfrentamientos internos se prolongan, el interés por gestionar el municipio o la región resultan secundarios porque prima ganar los congresos de los partidos. La proclamación del candidato socialista a la alcaldía de la capital se vio siempre como un test sobre la correlación de fuerzas entre las distintas facciones del partido. En la agenda socialista no estaba ganar a Gabino sino imponerse a los compañeros de la agrupación.

Cuatro candidatos

En el año 1999, en un momento dulce para el socialismo asturiano, cuando veía con delectación cómo se desangraba el partido rival por la lucha entre Marqués y Álvarez-Cascos, se presentaron nada menos que cuatro candidatos a las elecciones primarias de Oviedo. Entre los más de ocho mil municipios españoles, sólo en Mérida se realizaron unas primarias con cuatro candidatos. ¿Alguien puede imaginar que aquel año Paz Fernández Felgueroso hubiese ganado su opción a la alcaldía gijonesa en competencia con otros tres candidatos de su partido? La unanimidad en Gijón o de las cuencas mineras era tan lógica como la guerra en Oviedo.

De las concurridas primarias ovetenses se alzó como vencedor Leopoldo Tolivar, que no tuvo un periodo de tregua al ver cómo su nombre aparecía mal escrito en la propaganda electoral del propio partido. A Tolivar, como líder de la oposición municipal, le tocó vivir una situación sorprendente, al sentirse desamparado desde altas instituciones, copadas por compañeros de su propio partido. Para un profesor universitario de prestigio, que desinteresadamente accedió a dedicarse a la política, fue muy duro descubrir que De Lorenzo no sólo contaba con el explícito apoyo de las fuerzas vivas de la ciudad sino con la complicidad de sectores de la izquierda ajenos a Oviedo.

Falta casi un año para las próximas elecciones municipales y todo el mundo dice que De Lorenzo será reelegido alcalde. En Gijón o en Avilés habrá una pugna disputada, pero en Oviedo se da por descontado el resultado. El déficit del socialismo en Oviedo no es de candidatos a la alcaldía sino de claridad de ideas y unidad de intereses. Todos los dirigentes socialistas asturianos se apuntan a sacar el mayor número de votos en Oviedo, por el efecto arrastre que tendría sobre la candidatura autonómica, pero no todos están dispuestos a celebrar con cava la conquista de la alcaldía de la capital.

Esa es la crisis de identidad del socialismo ovetense. Por eso Antonio Masip fue combatido desde las propias filas; por eso Álvaro Cuesta jugó el papelón de opositor de salón de Gabino de Lorenzo, al consensuar con el alcalde la contratación de 'fontaneros' del Soma; por eso Leopoldo Tolivar fue abandonado; por eso Alberto Mortera cruzó de acera.

Al socialismo renovador de la costa y al socialismo de la mina les une el interés por esculpir un mismo arquetipo: Oviedo es una ciudad de derechas, irrecuperable, un auténtico caso perdido.