La relación personal con Joan Laporta ha pasado por varias fases.La primera, y desde el desconocimiento, fue buena. En aquellas elecciones de hace tres años, era el candidato más joven y que mostraba tener ideas nuevas. Cosecha del 62, como el que escribe, y como el que escribe, jugó a fútbol en el paseo de Sant Joan (él sí jugaba, yo sólo corría).
Las cosas se torcieron sólo comenzar. Laporta se creyó rápidamente presidente y su cercanía y complicidad se borraron. Lo vivió de cerca José Mari Sirvent, entonces redactor jefe de Deportes en este diario. Sirvent fue el primer periodista que intuyó que el soci iba a estar por ese joven de tez morena. En una reunión de redacción le pregunte directamente: «A quién apoyamos José Marí». Su respuesta fue muy periodística: «Nosotros tenemos que estar por todos. Pero Laporta es bueno». Era la forma objetiva pero decantada de decir quién consideraba él que era el mejor para el Barça. Esto ocurrió un martes. El lunes siguiente, a una semana de las elecciones, el equipo de Laporta mantenía una reunión con La Vanguardia, donde este diario les decía que los veían con muy buenos ojos, que era lo mismo que decir que la sociedad civil los acogía. Este detalle es importante. Sobre todo porque el contrincante era un posicionado Lluis Bassat, acompañado por Miquel Roca y Salvador Alemany. O sea, todas las fuerzas económicas del país.
Sirvent era un sabio para estas cosas. El segundo día de reinado intuyó que Laporta sería un nuevo rey y que iba a construir todas las murallas posibles para mantenerse en una posición elevada y de prestigio. Fue ese estilo el que provocó que, con el tiempo, rompiera con Sandro Rosell y que lo condujo a una soledad impropia de un presidente. Sólo su cuñado, Alejandro Echevarría, foco de la polémica periodística más airada entre EL MUNDO y Laporta, se mantenía cerca de él. Se percató de la situación. Cambio de estrategia y volvió a recuperar a los que tenía medio perdidos en la misma junta: Marc Ingla, Ferran Soriano, Pere Vicens.
Rosell y Laporta ya no eran colegas. Y aunque hubo un intento tímido de reconciliación, finalmente los egos saltaron por los aires y se rompieron una de las sinergias más interesantes de la sociedad catalana. Ahora no se pueden ver. Cosas que pasan.
Con Laporta he pasado mis más y mis menos. Están olvidados algunos desencuentros públicos y el recuerdo del paseo de Sant Joan domina por encima de otros. Mantengo que ha politizado en exceso a la entidad blaugrana y que su vinculación con la campaña a favor del Estatut situó al club en un plano estúpidamente decantado por algo que ni le iba ni le venía. En definitiva, sólo es un club de fútbol.
Pero algo me dice que lo que le ha ocurrido al Barça esta semana perjudica al club y está manipulado por personas que dicen defender los intereses de la entidad. Algo me dice que la polémica es contra Joan Laporta más que a favor de los socios barcelonistas.Porque ¿qué socio, a día de hoy, quiere elecciones, en un momento tan dulce de los colores blaugranas?
Tiene poco sentido que, a una semana de que un juez de primera instancia haya condenado a el Barça a convocar elecciones de forma inminente, el Tribunal Català de l'Esport (TCE) decida archivar las dos denuncias presentadas, aunque advierta de que el Barça está incumpliendo «de forma flagrante» los estatutos.
O una cosa o la otra. Si no es así, parece que se trata de liar y desprestigiar de forma vil los éxitos de una entidad que ha logrado sus dos proyectos más importantes: ganar la Liga y la Copa de Europa. Una entidad que tiene a sus accionistas (son socios) satisfechos y con una gestión económica solvente.
La mano negra se ha colado en el Camp Nou y hace de las suyas.En una polémica que, por otro lado, es muy tonta. Puede que el error fuera de prepotencia. En los peores momentos de mayor soledad, Laporta cometió muchos errores. Uno de ellos fue el de ir de sobrado. El mundo giraba alrededor suyo y cualquier opinión crítica podía ser tachada de tontería.
En esa época Laporta sabe que hizo muchos enemigos. Fue culpa suya, no de las circunstancias. Y alguno de esos enemigos debe estar ahora brindando con cava la extraña situación a la que se ha llevado al club y que Jan, como le llaman sus próximos, tiene que gestionar.
Lo peor del barcelonismo se está moviendo. Quiere sacar tajada de la situación. Algunos sólo protagonismo. Convocadas las elecciones, las opciones son varias: que Laporta se vuelva a presentar, gane las elecciones y el TCE inhabilite a toda la Junta con posterioridad.Esa sería una situación lamentable para el club. Que la directiva quede inhabilitada para presentarse, opción poco probable por tiempo, y Sandro Rosell se convierta en presidente del Barça.Su candidatura es la única que le puede hacer sombra a Laporta.Aunque existen dudas.
Está Rosell detrás de esta convulsión barcelonista. No creo.Se lo está pasando bien. Intuyo que sí. Se presentará el ex vice a unas elecciones. Lo que diga la familia, sobre todo su madre.La afición, tranquila. Es campeona de Europa.
alex.salmon@elmundo.es
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