Ahora que nos han acorralado en el callejón de las ratas, donde los muertos se matan por sus huesos, y se reduce el compromiso o código de conducta a estar con los marines o con las Brigadas de los Mártires, conviene no dejarse acorralar por las jaurías de lo correcto. No se puede vivir libremente si al final del día te acusan de ser enemigo del cava, del chacolí, de un bujarrón o de un rabino. De entre todas las imputaciones o denuncias, la peor es la de antisemita. La derecha lee en la kufiya que le colocaron al presidente yihadismo de Eurabia, agravamiento de su masonería, atavismo antijudío, toda la lacra antisemita de la izquierda española.
Hace unos años hubo en España un embajador de la extrema derecha israelí que en una carta abierta criticó un artículo mío en el que defendía los derechos de los palestinos, sin negar ni la existencia del Estado de Israel, ni la obligación y necesidad de defender sus fronteras. A partir de la carta abierta de aquel botarate, me acusaron de judeofobia. Incluso aunque no aspiras al premio Nobel, estás jodido si te ponen el ponche de antisemita; y más ahora con la red. En la época de internet te cuelgan en las webs, que es peor que colgarte en el atrio de una iglesia. Ya me van borrando el estigma, pero aún puede leerse en algún blog, «el antisemita confeso Raúl del Pozo...». Hay judíos maravillosos que son marxistas aunque Marx dijera que eran sucios los judíos polacos; hay judíos inteligentísimos, y los hay demagogos y oportunistas, que acusan a cualquiera de antisemita porque critique algún aspecto de la política del Gobierno de Israel.
La izquierda española, tan rudimentaria intelectualmente, no vivió el apasionante debate Dreyfus, ni tiene idea de las persecuciones de aquella nación sin territorio, ni conoce la ferocidad frailuna y populachera de los españoles que quemaba judíos antes de la expulsión de los Reyes Católicos. La izquierda, que se ha quedado en el 89, debiera revisar su fascinación por asesinos que matan en nombre de Alá, o su aversión paranoica antiamericana o socialismo de soplapollas. Que Bush sea un barbo no envilece a la democracia americana. Aquí estamos expuestos a que te acerquen a la hoguera con un cirio amarillo porque digas que la invasión del Líbano es una desesperada y peligrosísima acción militar. Si te ponen sambenito porque digas lo que dice la inteligencia pacifista de Israel, no hay quien te lo quite.
La Inquisición fue abolida en España, pero aquella saña pervive. Los centinelas de lo correcto, judíos y españoles, cada día auscultan los actos de herejía. Sigue la costumbre de poner estigmas infamantes.
Ahora el escapulario con el aspa roja de San Andrés se lo han colocado a José Luis Rodríguez Zapatero. Lo tiene crudo. Le aconsejo que vaya antes de 15 días a darse un cabezazo en el Muro de las Lamentaciones.
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