Estábamos todos tan moderada y razonablemente bien sin necesidad de que la lengua en que se escribe la literatura pasara a convertirse en tema de campaña electoral En la ACEC, escritores de todas las lenguas europeas conviven, junto a traductores de todas las lenguas, en la defensa de la cultura plural, de la libertad de expresión y, last but not least, de sus derechos de autor. Lenguas rotundamente mayoritarias son, por supuesto, el catalán y el castellano, pero con los estatutos en la mano nadie pregunta a sus escritores qué son o qué se sienten. Pues bien, Oriol Izquierdo acaba de definir a unos como «escritores catalanes» y a otros como «los escritores españoles en Cataluña». Sus adjetivos están elegidos con sumo cuidado. Observa este autor que unos y otros conviven «sin roces», desde el momento en que unos y otros se mueven «por dos circuitos editoriales y sociales sin apenas relación».No existe, pues, ninguna «idílica fusión» convivencial, sino otra, de miembros que, al «modo anómalo» de los siameses, se «entorpecen y discapacitan». Para este autor tarde o temprano debe acudirse al quirófano para separar a los siameses, «aunque ello pueda conllevar el sacrificio de uno de los gemelos.»
Hacía tiempo, la verdad, que no leía un texto tan transparente.Y paradójico, pues uno no acaba de entender en qué se entorpecen y discapacitan dos individuos que al parecer se ignoran y van cada uno a lo suyo. Y, lo que es peor, intolerante, pues no hay manera de obviar su propuesta de «sacrificar» a un hermano, suponiendo que el símil quirúrgico deba ser tomado en serio. Más de una vez ha recordado que las metáforas sobre la amputación de órganos sociales anómalos o enfermos estuvo muy extendida entre los intelectuales más reaccionarios de los años veinte y treinta, a partir sobre todo de los textos de Ganivet. No es ése, la verdad, el túnel del tiempo en el que uno quisiera verse intelectual y éticamente instalado.
Por el contrario, Xavier Bru de Sala, avisando de entrada que se está «ganando una bronca», propone la instauración de un canon de la narrativa catalana en lenguas catalana y castellana, pese a compartir «todos los argumentos de separación de las literaturas por idiomas». Su propuesta responde a un «orden superior»: «Frente a la anticultura -afirma- no estamos en condiciones de dividirnos».De hecho yo me había propuesto discutirle a Bru de Sala algunas ausencias de su canon de la excelencia literaria (la muerte -o incluso el agotamiento de ciclos narrativos- no creo que justifique ninguna exclusión, pues en tal caso todas las obras críticas de Bloom cabrían sobradamente en una pequeña edición de bolsillo), pero se me ha cruzado la lectura del panfleto de Oriol Izquierdo y he creído oportuno renunciar a un tema altamente estimulante (y de una valiente normalización cultural frente a la barbarie, que es la que a la hora de la realidad está ganando todas las batallas), para entrar en otro que me resulta más que nada aburrido.
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