Matar etarras en el sur de Francia (años ochenta, GAL, no todo vale, nada de atajos, guerra sucia, con gobiernos socialistas, ¿se acuerdan?) era terrorismo de Estado. Completamente de acuerdo, aunque España nunca llegó a bombardear San Juan de Luz para acabar con los santuarios de ETA. Pero sorprende que nadie llame "terrorismo de Estado" a matar en el sur de Líbano a trescientos civiles, por si cae algún terrorista de Hizbulá.
El Gobierno español no razona de modo tan burdo como el comentarista. Sólo ha hablado de respuesta "desproporcionada" (ministro Moratinos) o "abusiva" (Zapatero). Sin embargo, horas antes de que la izquierda española volviera a la calle "por la paz en Oriente Próximo", el embajador de Israel en Madrid, Víctor Harel, decía que las relaciones entre los dos países "no pasan por su mejor momento". Y el PP renovaba motivos para estrechar su cerco al Gobierno socialista.
Definitivamente, la brutal e indiscriminada ofensiva del Ejército israelí contra el Líbano -sí, señor, brutal, salvaje, desmedida y "abusiva", como acertadamente la ha calificado Zapatero-, es ya un asunto más de la política nacional. La nuestra, la española, donde habita esa derecha rabiosa que sigue explicando a diario cómo el PSOE escondió en una mochila la caja negra del 11-M para ganar unas elecciones.
Todos los efectivos políticos y mediáticos de esa derecha eternamente cabreada se movilizaron ayer contra su bestia negra, el actual presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, por haber incurrido éste en el terrible delito de dejarse fotografiar con una ‘kufiya’ al cuello. No fue una foto deliberada, ¿y qué, si lo hubiera sido? La ‘kufiya’ es una prenda tradicional de los palestinos. Muchos ciudadanos israelíes de origen árabe la llevan por las calles de Jerusalén y nadie les asocia a grupos terroristas, ni siquiera a una causa política determinada.
En la informalidad de un encuentro con jóvenes socialistas de todo el mundo, alguien se lo colocó sobre los hombros para hacerse una foto. Para qué las prisas, oiga. El rasgado de vestiduras del PP y sus terminales furiosas se extendió incluso al discurso de Zapatero porque denunció ante los jóvenes socialistas la gran mentira de la guerra del Iraq, el uso "abusivo" de la fuerza militar israelí contra civiles libaneses y el silencio internacional ante lo que está ocurriendo en Oriente Medio.
Las opiniones son libres. Unos estarán de acuerdo con Zapatero y otros no, pero con sus declaraciones de ayer -también habló de derechos humanos, igualdad de sexos, emigración, etcétera.- pretende conectar con sus votantes. No con los de Rajoy. Si esa derecha cabreada cree que la foto y las declaraciones de Zapatero están tan fuera de lugar deberían estar encantados por sus errores y su proverbial torpeza, en la seguridad de que los votantes, unos y otros, se lo reprobarán en las urnas. ¿O es que les preocupa el futuro de España en manos de un gobernante insensato? Si es así, tranquilos, solo queda año y medio para echarle.

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